Antes de entrar en la lectura de esta "Historia de Pantanos" de Agustín García Suaréz, sería interesante conocer algo del estudio de Berrueta (Cronista de la provincia), "Riberas del Luna", ofrenda de despedida a los pueblos de Luna que desaparecen en el pantano de Barrios de Luna.

 

Nota:   

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UNA HISTORIA DE PANTANOS

Dedictoria:

A todos los naturales, oriundos y residentes que fueron del inundado Valle de Luna.

Con todo afecto.

El Autor

 

 

 

 

© Agustín García Suaréz Deposito legal: LE-1179-1999 Impreso en España

Imprime: Megaprint. León

 

 

 

Índice de Materias

PRESENTACIÓN 3

PRÓLOGO DEL AUTOR 4

CAPÍTULO PRIMERO 10

1.- El Valle del Luna en el devenir de los siglos l0

II.-Los primeros tiempos de la Reconquista, etc 11

III. - De cómo las contrariedades de Alfonso II gestaron a un héroe legendario: Bernardo del Carpio  13

IV.- Otero de las Dueñas 16

V.- Alfonso III y la creación del Reino de León 17

Ampliación de conocimientos sobre el Castillo de Luna 19

Necesarias precisiones sobre los orígenes del Condado de Luna  ¿Quiénes eran los Quiñones? 20

 

CAPÍTULO SEGUNDO

1.- Recuerdo de dos obispos autóctonos y otro que lo es menos 25

II.-. El fenómeno de la emigración y sus consecuencias, etc 29

III.- El Café Habanero, hasta su desaparición por el trazado de la Gran Vía 31

IV.- Un parroquiano insigne, D. José Manuel Ruiz de Salazar y Usátegui, amigo de la familia 32

V.- "La Belle Epoque" de nuestros antepasados en Madrid 39

VI. - Otra conquista de nuestros antepasados: el Hotel Europa 49

VII.- Un verano frustrado 54

VIII.- La inesperada presencia de un paisano de Miñera 55

CAPÍTULO TERCERO

1.- La certeza de la construcción del Pantano 60

II. - Empiezan los primeros inconvenientes de una estructura rural minifundista 61

III. - La extraordinaria labor de dos sacerdotes llegados a Luna desde la vecina Asturias 64

IV. - Recuerdo somero de cómo eran las localidades sumergidas.. 66

Truva

Canela

V.- Miñera de Luna 67

VI.- La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves en Miñera 69

VII. - La excepcional labor divulgadora de un hijo de Miñera y prestigioso médico de Pola de Gordón 70

VIII.- "Las Juncarinas" 99

IX. - Casasola l02

X. - El Molinón l06

XI.- Tres estudiantes de carreras técnicas, emparentado s 112

XII. - Mallo de Luna 117

XIII.- Ventas de Mallo y Mirantes 122

Mirantes

XIV.- Villares Gutiérrez 123

XV.- El Viaducto de San Pedro que atraviesa el Valle de Aralla 126

XVI.- San Pedro de Luna 131

XVII.- Cosera de Luna 137

XVIII.- Oblanca 138

XIX.- Campo de Luna 139

XX.- Láncara 140

XXI.- Laguelles 141

XXII.- Una advertencia necesaria 142

XXIII.- La Mantequilla 143

XXIV.- Las Truchas 145

XXV.- Recuerdo de la señera empresa de Transportes Beltrán 148

XXVI.-La relación de fincas cuya expropiación se propone 151

XXVII.- Relación de Propietarios y Cantidades a cobrar Miñera 159

XXVIII. - Epílogo 161

XXIX.- Los Barrios de Luna 162

XXX.- Apéndice Literario 164

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN CONSULTADA 167

ÍNDICE GENERAL DE MATERIAS 168

MAPA reproducido del levantado por el Instituto Geográfico y Catastral para el Pantano de Luna 169

 

 

PRESENTACiÓN

A fuer de sincero, he de confesar la insatisfacción que siento al leer en la prensa provincial, año tras año, la conmemoración, mas bien "piadosa y edulcorada", de lo ocurrido a "los hijos de Luna" -según definición acuñada por el Ministerio de Obras Publicas-, como consecuencia de la construcción del Pantano, evocación coincidente con la Romería anual del último domingo de julio en la chopera de Mirantes.

Cultivador de la narrativa en revistas profesionales, con temario preferentemente científico, y también divulgativo vario en prensa, quise salirme del círculo vicioso con la remisión de un escrito para tal evento en el año 1993, el que no llegó a ver la luz, posiblemente por revelar realidades pasadas que pudieran molestar a un sector de lectores muy superior en número a los damnificados por la obra hidráulica, dispersos y, muchos, de avanzada edad. En una palabra: motivaciones del clientelismo, que no de oportunidad, hicieron que el mismo diario que suele acogerme habitualmente, se olvidara de hacerlo esta vez.

En el tiempo transcurrido, caigo en la cuenta de que estoy en posesión de documentos y fotografías que pueden atestiguar la realidad del inundado valle y sus gentes, estando en disposición de relatar a más de cuarenta años vista, con la más pura objetividad, la casi siempre amarga experiencia de lo acontecido en carne propia, como el resto de los afectados, apartándonos de toda tentación fantasiosa que posiblemente, habría dado a esta historia un final más bonito; pero, para bien o para mal, "los hechos son como son y no como queremos que sean" .

En esta recopilación para la historia de este Embalse de Luna, he pretendido no ser excesivamente farragoso, adoptando al final de cada capítulo la reproducción de fotografías comentadas, lo que espero haga más entretenida la lectura, a la par que sirvan de documento gráfico. Las más antiguas fueron obtenidas con cámaras de no alta precisión, que, por otra parte, el mercado no ofrecía entonces, sino del formato 6x9, así como otras del álbum familiar, junto con otras recientes y mejores medios.

Obviamente, no poseemos datos e imágenes de todos los hombres y mujeres de Luna que merecen estar con nosotros, esto es que podíamos parafrasear que "no están todos los que son ni son todos los que están".

El lector apreciará que ponemos mayor énfasis en la primera inundación -precipitada y casi alevosa- que apenas dio tiempo a evacuar, incluyendo pérdida de alguna cosecha: ¡ Que se lo digan a los de TRUVA que vieron flotar los haces de mies en las aguas recién embalsadas!

León, Agosto de 1998                                           Agustín García Suárez

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PRÓLOGO DEL AUTOR

En donde se reproduce literalmente el escrito inédito

Ello tiene algún interés por cuanto nos va a servir de guión para el desarrollo de este trabajo de recopilación histórica y gráfica que, en capítulos siguientes, vamos a poner a disposición del lector.

Decíamos entonces, (Julio de 1993):

"También podíamos haber titulado este escrito como "Vuelta atrás, con recuerdos, de algunas obras hidráulicas", ahora que hace más de cuatro décadas de la desaparición del Valle de Luna, a expensas de la construcción del Embalse de los Barrios, obra de ingeniería mas atribuible a la configuración orográfica de la imponente masa rocosa que cierra naturalmente lo que luego se aprovecharía como presa, y que casi impedía el paso secular a la feraz vega, tan solo horadada por el túnel practicado en sus entrañas, que dio paso a la carretera a principios de siglo, suponiendo un buen retazo de nuestra historia medieval, con el asentamiento en la cumbre del Castillo, con fama de inexpugnable, de cuya cualidad se sirvieron aquellos primitivos Reinos para albergar el Tesoro, que representaba algo así como las reservas de oro de nuestro Banco de España.

Hoy, como ayer, la solidaridad no se manifiesta muy extendida en la Región, conclusión a la que se llega al observar el cariz de algunos manifestantes que demandan, estentóreamente, la inmediata construcción del pantano de Omaña, que afectará al Concejo hermano que, por sobradas razones, no deja de dolernos al rememorar la incomprensión de los que parecen insensibles al drama humano por el forzoso desarraigo que supondrá un nuevo embalse para los naturales expropiados, nunca compensado en lo material; y con la agravante de que hemos pasado de un Régimen autoritario a una pretendida democracia, en la que también deben tenerse en cuenta los derechos de los perjudicados, tanto o mas que los beneficiarios. Y además, han transcurrido bastantes años e incluso las directrices comunitarias de Europa -a la que pertenecemos-, apuntan hacia otros derroteros, que no son ajenos a la conservación de los ecosistemas, repoblación forestal y cambio de algunas actividades agrarias, que hacen dudar de la futura rentabilidad del regadío.

Que tanto el páramo bajo como la sedienta Tierra de Campos exijan la ampliación de las superficies regables, constituyen un argumento irrebatible. Lo que ya no lo es tanto es el procedimiento por el que quieren hacer realidad sus reivindicaciones, con previa desaparición de Las Omañas, alentados posiblemente en el recuerdo de sus mayores por lo fácil que resultó la conquista de Luna, gracias a cuya inmolación el Páramo dejó de ser tal y se convirtió -eso si-, con la laboriosidad de sus moradores, en un vergel de riqueza agraria, del que, sin embargo, no participaron los expropiados montañeses" .

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Entre los beneficiarios, no faltarán hijos y nietos de aquellos cuyo "status social"ascendió sobremanera, y supongo que serían los más vociferantes, a los que va dedicada esta historia real y no de ficción, que se remonta a la década de los cincuenta, cuando los vencedores de la Contienda Civil deseaban mejorar el nivel de vida nacional impulsando vientos de autarquía, obligados por presiones exteriores que bloqueaban nuestro desarrollo, excluyendo ayuda internacional -lo contrario de la Comunidad Europea actualmente-. El llamado Movimiento aglutinaba las tendencias dominantes como sucedáneo de los partidos políticos -inexistentes y prohibidos-. Las tierras de secano exigían imperiosamente su urgente transformación en regadíos, y era políticamente rentable acometer obras hidráulicas, entre las cuales se seleccionó una que casi estaba diseñada por la "Madre Providencia", esto es el Valle de Luna, desde su comienzo en Láncara hasta su cierre secular en los Barrios. No estaban permitidas las manifestaciones, ni se precisaban, puesto que las exigencias agrícolas del Páramo leonés coincidían plenamente con la política imperante, y todo corría prisa, tanta .... que hubo de hacer uso de mano de obra barata y hasta gratuita, empleando presos que redimieran su condena con el trabajo, al fin más sano que permanecer encerrados en prisión.

No hubo que esperar para iniciar los regadíos a la terminación total del Embalse, ya que las prisas forzaron la primera fase de inundación de las vegas de Mirantes, Ventas de Mallo y Miñera con Casasola, Cosera y Molinón, quedando bajo el agua el legendario puente de San Lorenzo, por el que los romanos daban salida al mercurio obtenido en la mina de La Mata, y que sirvió de importante vía de comunicación, y por el que, cada temporada de pastos, pasaban a Extremadura las merinas o las churras trashumantes con destino a la Ribera leonesa, como las de mi bisabuelo.

En este bucólico Valle, cualquier sociólogo detectaría una concentración humana por metro cuadrado muy superior a la media nacional de carreras de grado medio y universitario, incluyendo las eclesiásticas y militares, atribuibles a un excelente mosaico genético, que no a mejores condiciones socioeconómicas, que eran las mismas que caracterizan a la Montaña.

La verdad es que apenas se dio tiempo para evacuar nada, y, lo que es peor, por ignorancia o buena fe, las primeras expropiaciones que afectaron a esta localidades fueron tasadas a un precio irrisorio, olvidando la calidad de la Vega y la categoría de las edificaciones, en general superior al resto del Valle, en donde abundaba la piedra caliza labrada, mudos testigos de un pasado. Basta resaltar que las haciendas mejores obtuvieron una valoración menor a las consideradas inferiores en la segunda fase del Embalse y quizá por haber servido las primeras de "conejos de indias", pudieron arrancar a la Administración alguna mejora en la tasación.

El Pantano de Barrios de Luna es de los que soporta "la pertinaz sequía" porque, aparte del buen caudal del río que le presta su nombre, se incrementa el volumen del agua embalsada con multitud de arroyos de los valles secundarios que allí confluyen, muchos de los cuales, antes de la construcción, eran suficientes para el riego de las

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respectivas vegas, e incluso para mantenimiento de molinos y minicentrales eléctricas.

Aquí llegamos al estiaje y otoño del 92, en el que se aprovecha el bajo nivel efectuando el casi vaciado -que no total- del referido Embalse para proceder -se nos dice- a mejoras de la Central Hidroeléctrica.

Es entonces cuando aparecen los abundantes restos de las edificaciones cuya sólida mampostería ha resistido cuarenta años debajo del agua. Incluso la carretera de "macadam" se muestra a nuestra vista con puentes y alcantarillas intactos, bastaría librarla de la capa de barro acumulado en sedimento para poderla poner de nuevo en servicio. También podemos contemplar el puente romano y hasta la ermita de San Lorenzo que conserva la techumbre.

A los naturales que conocimos el Valle en su esplendor, el paisaje que la bajada del nivel de las aguas nos ofrece, parece indicativo de una catástrofe nuclear, lo que constatamos con las fotografías anteriores al Embalse. El barro acumulado permitió, no obstante -con mucho esfuerzo y más entusiasmo- el rescate de un cargadero de piedra labrada caliza de una ventana de nuestra casa original de la familia y de finales del siglo XVIII con una inscripción grabada que reza "AÑO DE 1788".

Pude recuperar, después de tan larga inmersión, lo que las prisas impidieron en su día. Le dedicaremos el lugar que se merece.

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CAPíTULO PRIMERO  

El Valle de Luna en el devenir de los siglos

Cuesta poco singularizar este Valle por la simple apreciación visual; uno -eso si- de los más bonitos aunque no de los de mayor extensión, de los varios que nos regala la cordillera cantábrica en su parte continental, representando el mejor acceso a Asturias desde la meseta, aun cuando fuera preciso cerca de dos milenios para que se tradujera en la autopista León-Campomanes. Hoy seguramente el ferrocarril no hubiera sido trazado por el dificultoso Puerto Pajares.

Si nos adentramos en los entresijos de la Historia, tal vez le otorguemos categoría de "santuario épico", pues, para bien o para mal, en él acontecieron sucesos de enorme transcendencia, como muy pronto vamos a recordar.

La singularidad débese a la cresta rocosa de cuarcita, de color pardo más o menos intenso, incluso negro ocasionalmente por la acción del sulfocianato de hierro, propio del llamado cuarzo ahumado, y que cierra casi totalmente por el sur el irrepetible Valle, a no ser por el sempiterno Río Luna que hubo de abrirse paso en el remoto pasado geológico después de que sus aguas contribuyeran a su creación por una especie de pantano natural que acabó abriéndose paso en lo que hoy tapona la Presa.   

Que ello ya fue objeto de atención de los primitivos pobladores astures lo delata la numerosa colección de piezas prehistóricas que enriquecen el museo de León, dominando la única entrada a través del talud natural sobre el que los sucesores y conquistadores romanos erigieron el puente en diagonal con un arco grande y otro más pequeño y circular -como aliviadero-, que resistió hasta nuestros días para desaparecer sepultado bajo la civilización y seguramente contribuyendo con sus piedras milenarias al aglomerado de hormigón.

La romanización del territorio, que duró alrededor de los seiscientos años, tuvo tiempo más que suficiente para que los forjadores del Imperio dejaran huella de su buen hacer, unos cinco kilómetros más arriba, haciendo construir un hermoso puente, luego llamado de San Lorenzo, entre los límites de Mallo y Miñera, para dar salida a la producción de mercurio obtenido de la mina de La Mata, y bajo al testigo secular de dos accidentes geográficos de importante roca caliza y desigual altura, denominados Castro de Arriba y de Abajo, sucediendo a los primitivos pobladores del Valle, que, asimismo, dejaron huella de su presencia a través de los numerosos vestigios que enriquecen al museo provincial y que siempre son citados en toda obra que se precie rigurosa.

Ahora vamos a descender a una cuestión semántica: el nombre de Luna que distingue al Valle es de origen visigótico; luego lo adoptó primero el Castillo, y, a su vez, los que en la Baja Edad Media lo reformaron, después de acceder al Condado, este se reflejaría con el patronímico Luna en numerosas localidades indicando al Señor de su pertenencia, pero, insistimos, la denominación es anterior a todo.

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Los primeros tiempos de la Reconquista, donde la leyenda se funde con la historia

Dada la primera relación que, al comienzo de la que habría de ser larga etapa de recuperación del solar patrio y la gesta de Covadonga han supuesto para nuestro territorio de Luna, tenemos que resumir sucintamente aquellos aconteceres con sus protagonistas.

Así pues, D. Pelayo, nieto de (Chindasvinto) proclamado rey de Asturias, cuya monarquía seguía la costumbre visigoda de sucesión hereditaria, tuvo dos hijos, Favila y Ermesinda. En un episodio de caza mayor, que demuestra la abundancia en la cornisa cantábrica del oso pardo -hoy protegido y en trance de extinción- debió fallecer como consecuencia de las heridas sufridas. Su hermana casó con Alfonso I, hijo del Duque de Cantabria y descendiente del rey godo Recaredo, sucediendo así a su fallecido cuñado. Ensanchó sobremanera los primitivos límites asturianos hasta Galicia, León, que ocupaban los árabes e incluso Guadarrama, fundando Santa María le Covadonga, donde está enterrado y pasando a la historia con el calificativo de "El Católico". Su reinado se extiende desde el 739 al 756.

Pero vamos a detenernos con mayor extensión respecto a Alfonso II, el Casto, o también el Contrariado, que accedió al trono no desde su padre Fruela, sino esperando los breves reinados de Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo I , hasta el año 791, por lo que el segundo apelativo está más justificado. Y como diríamos hoy, "dio un golpe de timón" a la monarquía asturiana, empezando por trasladar la sede de Cangas o Pravia a Oviedo, a la sazón una agrupación de modestas viviendas en torno a la ermita de un monje, que se transforma en la Iglesia Catedral, consagrada por siete obispos y regida por prelado godo y en cuya Cámara Santa hay una brillante cruz, cubierta con planchas de oro, con engastes de piedras preciosas e infinitas labores de esmalte y filigranas, ejecutada con delicadeza. El pueblo la llama la Cruz de los Angeles, y en los cuatro brazos se leen otras tantas inscripciones latinas: la superior dice: "Susceptum placida meneat hoc in honore Dei" .

A la luz de nuestros conocimientos actuales, se admite como más verosímil que los dos mancebos que se ofrecieron a Alfonso para elaborar la joya serían orfebres árabes, cordobeses, que tenían fama como tales. Y el Rey, que ha pasado también a la historia como diplomático, para no herir los sentimientos religiosos del pueblo llano, no dio a conocer que el objeto simbólico de la fe cristiana había sido obra de manos infieles. El material procedía de los despojos cogidos en Lisboa a los enemigos de la fe.

En el segundo año del siglo IX, dominaba también Galicia hasta el Miño, Cantabria alguna provincia vasca (su madre era alavesa), aunque es de destacar que su acción se debilitaba en la Vasconia "que tanto se sometía a sarracenos o se aliaba con los francos, o mantenían libres sus comarcas el tiempo que podían". El entonces joven monarca demostró más habilidad  diplomática, pues pactaba 

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Córdoba, y, al otro lado de los Pirineos, suena con respeto ante el nuevo César de Occidente, el más poderoso Príncipe de su tiempo, el titular del Sacro Imperio romano germánico, esto es Carlomagno, que recibe ostentosas embajadas en Aquisgrán.

Los cronistas de su tiempo relataban un prodigio de esta manera: "Cerca de ocho siglos hacía que el Apóstol Santiago había arribado a Hispania desde Palestina (año 57 de nuestra Era), fundando numerosas iglesias (paleocristianas) y predicando la Fe, hasta que fue decapitado. Sus discípulos lo enterraron, y las continuas luchas guerreras con los consiguientes trastornos habían hecho olvidar el sitio en que se guardaba el Sagrado Depósito. En tiempos del Obispo de Iria Flavia Teodomiro, varios sujetos de autoridad afirmaban haber visto en un bosque no muy distante de esta ciudad episcopal, por las noches, resplandores extraños y luminarias. Acudió el obispo al lugar, desbrozando y descubriendo una capilla que contenía un sarcófago de mármol, no dudando que correspondía al sepulcro del Apóstol. Esta noticia se pone en conocimiento de Alfonso II en Oviedo, el que se traslada al lugar acompañado por los nobles de su palacio, mandando edificar un Templo en "El Campo del Apóstol" ("Campus Apostoli", en el latín imperante), que daría al nombre de Compostela actual, asignándole para su sostenimiento el territorio de tres millas de circunferencia, donándole posteriormente una pequeña cruz de oro, copia de la de Oviedo. Asimismo, gracias a su amistad con Carlomagno, le rogó intercediera ante el Papa León III para transferir la Sede episcopal de Iria a la nueva de Compostela, lo que confirmó el Papa en carta a los españoles. Pronto dióse a conocer el descubrimiento y ya, a mediados del siglo IX, acudían a visitar Compostela, aunque el primer peregrino fue el Rey en el 814.

En estos tiempos en que parece se hace alarde de" caracteres diferenciales", no creo sobre dar a conocer estos hechos históricos, que nos demuestran que la Cruz de Santiago tiene un gran parecido con la Asturiana y ya hemos visto por qué.

Insistimos en que la Iglesia del Salvador edificada por su padre Fruela sirvió de base para la grandiosa basílica episcopal con doce altares a los doce apóstoles en Oviedo. La Cámara Santa, que hoy subsiste con la Catedral, era un pequeño templo enclavado en el Palacio como capilla doméstica y en donde se encuentran las reliquias del templo catedralicio, así como los restos del monarca comentado, que murió en el 842, a los 52 de reinado y ochenta y dos de edad.

Hasta aquí hemos relatado casi los triunfos, no así los sinsabores que nos llevan a nuestro Valle de Luna y a relevantes hechos que han influido sobremanera en nuestra historia. Lo reservamos para el capítulo siguiente.

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De cómo las contrariedades de Alfonso II gestaron a un héroe legendario: Bernardo del Carpio.

Preocupación primordial de los tiempos aquellos para los sucesivos reyes asturianos era establecer una linea defensiva que impidiera -como desgraciadamente ocurría-, las frecuentes incursiones bereberes, poniendo en peligro lo tan trabajosamente reconquistado. Como quiera que los godos no eran tan bárbaros como nos lo  pintan los derrotados romanos, supieron aprovechar todas las estructuras del recién caído imperio, así la de las comunicaciones muy buenas para entonces, y el idioma común latino, hasta transformar la Roma pagana en la capital de la Cristiandad con la creación del Sacro Imperio romano germánico en la persona de Carlomagno, coronado por el Papa León III en el año 801.

De ese aprovechamiento no escapó el primitivo Castro erigido en la cresta rocosa que cierra el Valle, primero astur y luego mejorado por los que vamos a llamar colonizadores de Hispania, que incluso construyeron el puente en diagonal ya descrito que unía o salvaba, mejor dicho, las dos orillas del río y controlaba su paso. Dominado siempre por la construcción militar en las alturas cercanas a los cien metros, surgiendo por iniciativa del rey asturiano el castillo roquero, esto es, que tiene una planta adaptada totalmente al roquedal, que le sirve de sede y que además se mejora con torres o atalayas (3), utilizando el material cuarcítico obtenido en el mismo sitio, apenas desbastado y con la técnica de mampostería en seco sin argamasa, en grandes bloques (ciclópea). Su pertenencia es real y forma parte del cinturón defensivo con Alba y Gordón, completando el cordón.

Al cargo de la fortaleza se nombra como "tenente" del reutilizado castrum a Sancho Díaz, Conde de Saldaña, que dice el Romancero "era apuesto y admirado entre las damas". Y si como hoy en día a los asturianos les gusta veranear en León y a los leoneses en Asturias, nada tiene de extraño que la hermana del Rey Doña Jimena, mucho más joven, decidiera pasar alguna temporada en la reciente fortaleza, y que en las tareas protectoras se excediera el Conde de Saldaña, lo que hoy se llamaría "un desliz" , que se tradujo en embarazo de la egregia dama, de todo lo cual se entera su hermano el Rey Casto por la denuncia de D. Nuño de Arlanza, que en duelo con el Conde de Saldaña muere a sus manos. Que las relaciones entre protector y protegido si son de distinto sexo acaban siendo íntimas, no parece ser algo propio medieval, toda vez que hemos tenido ejemplos muy recientes en nuestros días: casos de las princesas de Mónaco y hasta Diana de Gales.

La justicia visigótica es ejemplarizante. Y puesto que Sancho Díaz había deshonrado al Rey en la persona de su hermana Jimena, el monarca toma la decisión inapelable de enviar al lugar de los hechos al infractor con una carta para el entonces tenente de Luna Diego Melendo, que, para mayor dolor, es amigo íntimo del depuesto Conde de Saldaña, que contiene la orden de desorbitarle y encerrarle de por vida en la fortaleza. A su hermana la recluye en un convento y ahora se discrepa por los investiga-

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dores si fue en Oviedo o en Otero de las Dueñas, opinión esta última sustentada por el que fuera cronista y catedrático insigne Mariano D. Berrueta que afirma que, como religiosa, allí estaba su tumba.

El hecho es que el Rey crió a su sobrino como si fuera un príncipe, por lo que la nobleza asturiana creyó que sería sucesor de su tío el Rey, forzando a Alfonso II a que se retirara temporalmente del gobierno, por el descontento que producía la influencia de Carlomagno que ayudaba para la expulsión de los árabes, no sabemos si a propia iniciativa o a instancia del monarca asturiano. En el año 778, en el desfiladero o garganta de Roncesvalles, que comunica Navarra con el hoy departamento francés de los Bajos Pirineos, Bernardo del Carpio, en la plenitud de sus facultades, derrota en combate singular a Rolando, que debía ser pariente de Carlomagno, sucumbiendo también los Doce Pares de Francia, la "crema de la Caballería gala por la emboscada tendida por los vascones a la retaguardia, haciendo descender grandes piedras como pesados proyectiles. La fuerza que mandaba Bernardo es de suponer que estaría integrada por astur-leoneses, cántabros y alaveses considerados vascones.

El cuerpo expedicionario francés de vanguardia al mando del hijo del Emperador Carlomagno Luis I, viendo lo que había pasado, tomó de rehenes a toda la población que hoy llamaríamos civil y la obligó a pasar por el desfiladero para no ser nuevamente atacados.

Bernardo cumplió con creces los deseos de la nobleza en orden a impedirles la presencia en Asturias, pues no se tiene de cierto si venían como ocupantes o aliados con la disculpa de ayudar a la expulsión de los árabes. Siguió guerreando con éxito para la causa de su tío con la esperanza de poder liberar a su padre del Castillo de Luna, pues, en sus aventuras galantes, tendencia que heredó asimismo, las damas le dijeron quien era su progenitor, lo que no supo hasta bien entrado en edad. Desengañado porque Alfonso II no le nombrara sucesor, se retiró a Saldaña, su feudo natal, haciendo de Bernardo un rebelde incluso en los reinados posteriores al fallecimiento de su tío, construyendo su castillo en El Carpio, del que posteriormente fue expulsado, y como quiera que no obtuvo la libertad del padre ni la restitución de su castillo, una vez mas pasó a Navarra y Francia. La espada con la que venciera a Roldán fue regalada a Carlos V, y parece que se conserva en la Armería Real del Palacio de Oriente de Madrid. En las obras del Romancero (Bernardo de Balbuena, Alonso de Salamanca y sobre todo Lope de Vega), se ha idealizado su gesta y quien sabe si la abundancia de Bernardos en el Río Luna ha tenido que ver con su existencia. Yo mismo tengo varios parientes en Miñera y Mirantes así como en Mallo que se llaman Bernardo, nombre corriente en el Valle.

Otra consecuencia de la gesta de Roncesvalles, propiciada por el descontento de la nobleza y la separación temporal del poder Alfonsino, hizo que Asturias no se incluyera en la Marca Hispania, que si abarcó lo que hoy es Cataluña y parte de Francia, perteneciendo voluntariamente a Carlomagno, que incluso redactó una carta, pragmática o edicto destinado a los principales Condes de Gothia, que al parecer

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abusaban de sus derechos sobre los emigrantes, que huían de los sarracenos, hasta que se quejaran al Emperador y confirmadopor su hijo Luis I.

Gothia procede de Gothland, palabra teutónica significativa de tierra de Godos, que se fue latinizando como Gothlandia, Guthalania, Catalonia y después Cataluña (castellanizada). Sin embargo acabó por independizarse totalmente.

Podemos resumir que los tres primeros estados cristianos, desde el primero al segundo siglo de la invasión musulmana que se formaron y tuvieron mucho tiempo vida propia con la suficiente independencia y aislamiento entre sí, fueron Vasconia, Asturias y Cataluña, constituyendo el germen de la nación española que luego habría de hacerse realidad después de la caída de Granada en 1492.


Otero de Dueñas

OTERO DE LAS DUEÑAS: El calificativo que sigue al nombre de la localidad, indica que, siguiendo una extendida costumbre medieval, allí se alojaban las damas en ausencia de sus esposos que guerreaban: un privilegio de la aristocracia femenina al que, posiblemente, se acogiera la condenada a vivir apartada del mundo terrenal por su falta cometida y que diera lugar al nacimiento de Bernardo del Carpio.

El monasterio cisterciense, que apenas se adivina en los escasos restos que muestra la "foto", después de que todo lo de algún valor fuera trasladado a Carrizo de la Ribera, nos recuerda que la propia Orden del Cister, en honor de San Bernardo, fue fundada en Francia en 1080, por lo que no se puede admitir que el primitivo monasterio fuera contemporáneo con la reclusión de Jimena, la condenada hermana del Rey Alfonso II. Otra historia sería el que las damas concentradas lo hicieron en algún edificio, con el auxilio religioso de alguna orden femenina, que luego sería la base para la posterior fundación del Convento de Santa María de Otero de las Dueñas, en la Orden cisterciense, dos o tres centurias más allá. Y hasta es posible que el cadáver de la egregia dama fuera realojado en el Monasterio, muchos años después de su muerte, aún dando por sabido que era más joven que el Rey. El romancero que relata corno la pastora de Caldas obsequia con calostros a Jimena, nos induce a pensar que a diferencia con su frustrado esposo, el desorbitado en Luna, su condena estaría más atenuada y hasta encubriera un "dorado exilio".

Los actuales vecinos de la localidad apenas saben nada del desaparecido monasterio. Tan sólo algún anciano recuerda la Iglesia Vieja, que nada tiene que ver con la actual, y que se encontraba en el recinto conventual, cuyas tapias que reproducimos dan fe de que existió.

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Alfonso III y la creación del Reino de León

Desde la muerte de Alfonso II hasta el advenimiento del que sería Tercero apodado El Grande y el Magnánimo, pasaron 24 años ocupados por Ramiro II y Ordoño I (su padre). Sus primeras tareas consistieron en reforzar la línea de castillos fortificados en las altas peñas como Luna, cuya fortaleza cobra importancia histórica en el año 884, y que es mejorado en todas sus estructuras. Tomó a los sarracenos Salamanca y Coria , y no obstante tenía amistad y buena inteligencia con el Emir de Córdoba. Su esposa también se llamaba Jimena y era hija del Rey navarro García Iñiguez, con lo que se aseguraban buenas relaciones con esta parte que siempre hemos visto resultaba difícil. Tuvo cinco hijos varones y otras tantas hembras; y ahora tenemos que echar mano del "Crhonicon Mundi" del prelado Lucas de Tuy, escrito tres siglos después de los acontecimientos que narra, según los cuales fue precisamente su esposa la que conspiró contra el Rey e indujo a rebelión a sus hijos en estos castillos del cinturón defensivo que había consolidado, es decir Luna, Alba y Gordón, llevando a escondidas al mayor que era García, ganado para la causa de su madre dispuesto a tenérselas con el autor de sus días. Esta rara unanimidad familiar disidente debió tener alguna motivación, que parece relacionarse con la existencia de una concubina que el rey cordobés, amigo de Alfonso III, proporcionó de su serrallo o harem, capricho regio que no está dispuesto a tolerar el clan familiar, liderado por la esposa ofendida.

Como quiera que sea, se produce la renuncia a la corona de modo amistoso, abdicando en favor de sus hijos, que se reparten los dominios paternos así: García las tierras de León, que pasa a ser ya la capital del Reino; Ordoño, Galicia y parte de Lusitania; Fruela, el Señorío de Asturias, y Zamora queda reservada para el propio Afonso. Otros afirman que el reino de Asturias, Galicia y León pasó íntegro a García, el, primogénito, y que este delegó como se ha visto en sus hermanos, reservándose la capitalidad, que desde entonces pasó a León, dejando de ser los reyes sucesivos asturianos. En el 910 murió y como su antecesor de igual nombre, está sepultado en la capilla del Rey Casto en Oviedo.

Su apodo de El Grande se debió a las exitosas batallas ganadas en número de treinta y por las cuales conquistó Oporto, Braga y Coimbra. Lo de Magno quizá refleje su postura que, de forma poco común en aquella época, sirvió para evitar una lucha fratricida entre padre e hijos, que hubieran arrastrado sus partidarios y desencadenado una guerra civil, a la par que alumbró un nuevo Reino que tanta gloria habría de dar a la posterioridad: el de León.

Con este capítulo creemos dar cumplida información histórica obtenida de las consultas a las diversas obras que reseñamos en la bibliografía, referentes al paso de los tres Alfonsos por nuestras inundadas tierras de Luna y que se reflejaron para la posterioridad en el Castillo, preferentemente, aún cuando otras invasiones o quizá mejor

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dicho, colonizaciones, sirvieron de base a obras públicas tan trascendentes como los puentes romanos de la fortaleza y el de Miñera o San Lorenzo.

Al finalizar la parte histórica, conviene aclarar, como ya habrá presumido el lector, que en este libro no se pretende sentar doctrina, sino condensar lo más saliente y aceptado por los doctos historiadores que han jalonado con sus conocimientos investigaciones lo generalmente admitido. Y al llegar aquí tengo que hacer especial mención de D. Modesto Lafuente y Zamalloa, que sigue, aún hoy, por encima de todos cuantos han dedicado a la noble tarea de investigar nuestro pasado, con una cita especial, por cuanto, antes de dedicarse a la labor por la que ha pasado a la posterioridad, fue escritor en León, crítico y satírico de unas publicaciones desaparecidas, cuando todavía se le conocía como "el hijo del Médico de Mansilla" aunque naciera en Palencia, concretamente en Rabanal de los Caballeros, hoy pedanía de Cervera del Pisuerga, corriendo el año de 1806. El ejercicio profesional paterno acercaría a la capital leonesa, en donde fue profesor en el Seminario como suplente de cuantas asignaturas más difíciles en letras vacaban tanto en León como Astorga. Como militante en el partido liberal, alcanzó los mayores honores en su tiempo de fecunda labor en la capital de la nación, falleciendo en 1866 en Madrid sin haber podido finalizar su magna obra "Historia general de España".

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Ampliación de conocimientos sobre el Castillo de Luna

Podíamos decir, con el poeta, que las torres del castillo y el río que discurre por la estrecha garganta "se turnan en la centinela", perpetuando el enclave defensivo multisecular.

Hemos visto que Alfonso II mejoró la fortaleza en base a la primitiva construcción romana alrededor del siglo VIII, y que Alfonso III, posiblemente su esposa Jimena, lo hizo un bastión inconquistable, que evitó cayera en manos de Almanzor en su imparable camino hacía Asturias, medio siglo después.

Bermudo II, precisamente cuando servía de seguro refugio al Tesoro Real, destituye al tenente Gonzalo en el año 992, acusándole de traición e infidelidad.

Discurriendo el año de l073 estuvo retenido o prisionero un hijo de Fernando I de Castilla, al que su padre había dejado como rey de Galicia y Portugal, de nombre Don García, y según los historiadores, su presencia involuntaria debióse al engaño de Alfonso VI, por lo que en Luna permaneció hasta su muerte en 1082.

El Castillo cumple las funciones jurídico-administrativas como cabeza de un amplio territorio y toma parte en la guerra de Castilla con León, por el episodio de sucesión a la familia de los López de Haro, hermanos de la esposa del Rey, que se pasaron al bando castellano, hasta que, por el tratado de Tordehumos es restituido en 1194 a León.

Reanudadas las hostilidades castellano-leonesas, el tratado de Cebreros de 1206 obliga a Alfonso IX a entregar a su hijo Fernando III, entre otros, el castillo de Luna, hasta que, seis años después, con motivo de la campaña que Castilla desarrolla contra los almohades, Alfonso X aprovecha la coyuntura para recuperar Luna junto a otras fortificaciones, acabando ese vaivén con la unificación de ambos reinos de Castilla y León. Y siguiendo desempeñando funciones territoriales, digamos estatales, al mando de D. García como tenente en 1234.

Así llegamos al año de 1399 cuando Enrique III el Doliente que había accedido al trono a los once años de edad, apelativo que parece relacionado con tuberculosis, cede todos los derechos de la fortaleza y posesiones al Adelantado Pedro Suárez de Quiñones. A título de curiosidad digamos que este joven y enfermo monarca fue el Primer Príncipe de Asturias, institución que se ha perpetuado hasta nuestros días.

Aún sería menester que reinara Juan II para dar paso a Enrique IV, que fue el que concedió al sobrino de Pedro Suárez, que no tuvo herederos directos, el título de primer Conde de Luna y que es objeto de otro apartado capitular.

En 1931, la naciente República, por decreto de Azaña, Ministro de la Guerra en el primer gobierno provisional, declara "al Castillo de Luna Monumento Histórico".

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Necesarias precisiones sobre los orígenes del Condado de Luna ¿Quiénes eran los Quiñones?

Quevedo que, de amigo del Conde Duque de Olivares, pasó a ser preso por un verso satírico sobre su persona, que le descubrieron, y pasó en San Marcos como prisión sus casi últimos años, contrayendo enfermedad que aceleró su muerte, decía: "que es casa tan antigua (linaje de los Quiñones), que varones doctos y católicos en España afirman que el ilustrísimo apellido y solar de los Quiñones se deriva de un caballero que vendió unos quiñones para ir a ver al Hijo de Dios, luego que nació, y afirman que hoy está en los Condes de Luna el instrumento que lo asegura, y estando yo preso en la Ciudad de León, era conversación constante". De forma que el tronco originario de los Condes de Luna serían los citados y conocidos por: "A costa de mi quiñón di a España el mejor blasón". (Tendremos ocasión de tratar más ampliamente del asunto al hablar de la familia Geijo) .

Primitivamente existían las dos ramas de Quiñones: los de Luna y los de Sena. A los primeros corresponde el Adelantado Mayor del Reino de León, Tercer Merino Mayor de Asturias, Ricohombre Pedro Suárez de Quiñones, que ya tenía fama de constructor de casas palacio, aunque la primitiva de León, adosada a los cubos de la muralla, no pudo realizarla por la oposición de un sobrino de Omaña, aunque sí la empezó. Esta familia mejoró las fortalezas de su propiedad, aunque no las construyera desde el principio, como es el caso de Luna y Laguna de Negrillos. Hasta este momento la Casa de Luna no era todavía Condado, cosa que acaece en 1462 en la persona del sobrino de Pedro, heredero del mismo, y con merecida fama de luchador contra la marisma, de nombre Diego Fernández Vigil de Quiñones, nombrado Primer Conde de Luna por voluntad de Enrique IV, el Impotente. Este primer conde se considera de muy buena fortuna heredada como hemos visto y adquirida casándose con Doña María de Toledo, que le dio cuatro hijos y seis hijas que casan con la mejor nobleza, aunque ninguna ha pasado a la historia como el celebérrimo D. Suero de Quiñones, el del Paso Honroso. Continuó, como su tío, con la reconstrucción total del Castillo de Luna, haciendo uso de la "facendera" entre los vecinos que no eran muy gustosos de hacerla, por lo que recurrieron a la Real Cancillería de Valladolid, competente para estas cuestiones, aún cuando perdieron el pleito, y, asimismo, otras torres mejoradas en el ámbito de Luna, Sena y Babia, son obra suya.

Al parecer, los pocos restos que tenemos de la fortaleza proceden de esta época y bien es verdad que aún sufrieron una merma evidente, incorporados al conglomerado de hormigón de la Presa, pues antes de su construcción había más vestigios.

Podemos dar testimonio personal de lo afirmado si relatamos al lector cómo, de mozalbetes, mi hermano y yo hicimos la "valentía" de escalar con nuestro pariente Felipe Gutiérrez una ladera de la cara sur, por encima del túnel abierto, subiendo un desnivel de más de ochenta metros utilizando los restos de una escalera labrada en la roca, con estrechos peldaños de piedra, muchos de los cuales faltaban, hasta llegar a la

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cima en donde existía una construcción que se consideraba mazmorra y que hoy es asequible por la nueva carretera, todo ello por entretenimiento, en un paréntesis del baile en la fiesta del Cristo que se celebraba en Los Barrios un 14 de Septiembre. La complicación vino cuando nuestros padres, verdaderamente asustados, nos vieron descender por el mismo sitio, lo que, demostrando nosotros una gran insensatez y dominio del vértigo, acabamos felizmente en la pradera, aún con la regañina que era de esperar.

Se ha dicho que se almacenaba agua en un aljibe. Pero tenemos la certeza de que en lo alto se habría captado algún manantial de agua potable, ya que es impensable que una fortaleza de esta categoría no fuera autóctona en el abastecimiento hídrico. Al abrir el túnel, el agua manaba en abundancia todo el año, y de ello podría certificar un caminero "el de los Barrios", que tenía que desviar por la cuneta la corriente inagotable. Incluso creo que hubo alguna dificultad a la hora de cegar esa comunicación para impermeabilizar la presa, esto es, taponar la perforación que dio paso a la carretera.


 


 


 


 

CAPITULO SEGUNDO

Recuerdo de dos obispos autóctonos y otro que lo es menos

El desaparecido pueblo de Lagiielles, al que, más adelante dedicaremos algún comentario, como los demás, fue la cuna de nacimiento de Don Francisco Álvarez de Quiñones, cuyos apellidos ya nos muestran su genealogía relacionada con los Condes de Luna, y su biografía denota bien a las claras la ascendencia por sus reacciones de difícil sometimiento, que todos los personajes de la rama han tenido en alguna ocasión.

Su Eminencia Reverendísima aparece en la Galería Superior del Palacio Episcopal de Sigiienza, junto al resto de los prelados que allí han sido, catalogado como "obispo asturiano", lo que no puede considerarse como error, habida cuenta de que pertenecíamos hasta hace poco a la diócesis ovetense, y la división provincial actual aún no se había realizado.

De todos aquellos prelados que han pasado por la histórica diócesis seguntina, ninguno dejó de residir en la capitalidad menos nuestro antepasado paisano. En efecto, y durante la Guerra de Sucesión, por disensiones con el Cabildo Catedralicio, se retiró a la villa de Atienza en 1701. Regresó brevemente a instancias de los capitulares, y como no hubiera concordia, fuese a vivir a Cifuentes, continuando allí hasta 1704, en que comisionados diocesanos trataron infructuosamente del regreso, que no se materializó hasta 1708. O sea que permaneció fuera cerca de siete años.

La partida de bautismo fue hallada por el párroco de Láncara poco antes de la inundación, y es de suponer que ahora esté en Sena, aunque habrá que confirmarlo.

De este Valle inundado procede un benemérito obispo de la diócesis de León: el Excmo. e Ilmo. Sr. D. José Álvarez Miranda, Prelado Doméstico de Su Santidad, Asistente al Sagrado Solio Pontificio, Conde de Colle, Señor de las Arrimadas y Vegamián, ex Senador del Reino, etc. Nacido en el año 1850.

Con todos esos títulos inherentes al cargo que reseñamos, es más conocido como el Obispo de Miñera, aún cuando su ascendencia se remonta a Oblanca, en cuya desaparecida iglesia hubo una capilla de los Miranda. En el seminario diocesano (l) existe un buen retrato al óleo, del que trataremos de obtener alguna imagen fotográfica para acompañar a las de Miñera que muestran su residencia. En la capital leonesa, una pequeña calle del barrio del Crucero, ostenta su nombre, pero lo que no hemos visto reflejado en ninguna parte -ahora que pululan por doquier tantos "presuntos resistentes a la dictadura"- es el gesto viril que mantuvo en el año 1936, ante el sesgo que tomaba la represión política, que le hizo enfrentarse con las autoridades político-militares de los primeros tiempos; leáse Gobernador Civil, Militar y Jefe P. del Movimiento, según testifican todavía alguno de los sacerdotes, hoy jubilados, que él ordenó. Su disgusto, que nunca ocultó, acabó con el fallecimiento en marzo de 1937, y quien sabe si precipitara el óbito, que aún le permitió dejar todos sus bienes a los

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desheredados y pobres de solemnidad, según otorgara testamento. El pueblo llano lo conoce como "el obispo de los pobres".

El tercero de nuestros personajes aquí recordados es el que fuera obispo de Sigüenza en 1944, Doctor en Teología y Derecho Canónico por la Universidad de Comillas, Auditor y Fiscal del Tribunal de la Rota y, desde 1953, Arzobispo de Sión y Vicario General Castrense. También enriqueció su currículum con el doctorado en Farmacia y decimos que nos pertenece al 50%, por cuanto era hijo de Francisco Alonso, natural de Los Barrios, y de una abulense que su padre conoció en Madrid, acabando en el Balneario de Trillo, en donde nació, pero, insistimos, su formación religiosa que le haría alcanzar tan altas magistraturas eclesiales, se forjó en Aralla, de la mano de su tío José, en los largos inviernos de este interesante pueblo,  y tan solo en los veranos cooperaba en el negocio de su progenitor en el Balneario, con su hermano, entre otros, repartiendo botijos de agua medicinal que les solicitaban encopetadas damas asistentes al establecimiento y que solían obsequiarles con alguna propina(2).

En Madrid, durante los primeros momentos de la Contienda, hubo de "emparedarse" voluntariamente para evitar su muerte, que sin duda se habría producido de encontrarlo en las "razias" que terminaban con el "paseo" del infortunado. Su hermano que era médico puericultor de fama, mejor relacionado con el régimen republicano, consiguió sacarlo disfrazado de aquel infierno en que se había convertido la otrora Capital de España, y, a través de Francia, llegó a la que se consideraba "zona nacional". No olvidó que también en esa zona había abusos y, dada su buena situación en el régimen imperante por los vencedores de la contienda, salvó a algunos que se habían destacado en el campo contrario, entre ellos un vecino de Aralla que luchó movilizado por sus ideales de izquierda, al que sacó adelante en varias ocasiones. Aún se les recuerda, al médico y al obispo, como benefactores que, sin cobrar nada, auxiliaban a los vecinos enfermos cuando iban al pueblo a veranear, y en donde quizá se le despertara la vocación religiosa, como ya hemos dicho. Falleció a los 80 años en 1968, siendo enterrado en la Catedral de San Isidro, en Madrid.

(1) En efecto, un gran cuadro al óleo, al parecer en el comienzo de la escalera principal del Seminario Conciliar, con la imagen del Obispo Álvarez Miranda, es recordado por algún sacerdote de los que ordenó, hoy jubilados. Sin embargo ahora no ha sido posible su localización, ignorado donde está incluso en el Palacio Episcopal, si es que existe. Lo sentimos. (Nota del autor).

(2) Al quedar huérfano de madre, con muy poca edad fue recogido por su tía, hermana de su padre Francisco, que lo crió como a un hijo durante los primeros ocho años en Los Barrios, al cabo de los cuales ya inició sus estudios en Madrid, pero con precoz vocación religiosa adquirida en este instante en el pueblo. Aclaramos esta circunstancia en evitación de que "dos poblaciones se disputen la gloria de su nacimiento" .

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El fenómeno de la emigración y sus consecuencias especialmente a finales del siglo pasado y comienzo del actual

El estado casi bucólico que Luna presentaba antes de abrirse la vía de comunicación denominada carretera de La Magdalena a Belmonte (Asturias), permitió incipientemente dar salida a los excedentes humanos que ya no podían subsistir en el predio familiar con su minifundio, acrecentado por la existencia de familias numerosas, portadoras mayoritariamente de valores humanos de excepción, como se ha venido demostrando. Todavía alcanzamos a recordar las despedidas multitudinarias por deudos y vecinos que acudían al medio de transporte que había de materializar el deseo del aludido de "ir por el mundo", ante las lágrimas y emoción no contenida de parientes y amigos. En diligencia, a caballo o simplemente andando (como el padre), llegaban hasta La Robla, en donde era factible hacer uso del ferrocarril, con destino preferente a la Villa y Corte, como se consideraba a Madrid, o bien dirigiéndose a Hispano-América, los más arriesgados o los más necesitados. Otro medio de salida del "terruño" era la ocasión de "servir al Rey" cumpliendo con el servicio militar, uno de los aspectos positivos que permitía al soldado descubrir para él posibilidades ignoradas que la profesionalización del ejército, en ciernes, va a modificar en el futuro inmediato.

De una u otra forma, podemos atestiguar la presencia en la capital de la nación de Leopoldo Suárez Villares, el más pequeño de una gran familia de Mirantes, cuyo hermano mayor era el presbítero D. Baldomero. No sólo cumplió con la milicia, sino que obtuvo el rango del Sargento en el Cuerpo de Ingenieros Pontoneros, más por su levada estatura que por especiales conocimientos. Licenciado, regresó al pueblo que lo vio nacer, ya con muchos proyectos de futuro. Y en la fiesta de San Lorenzo, en Miñera, prodigando el uso de unas castañuelas -que él había tallado a navaja, y que conservamos como muestra artesana- en el baile "chano" con María Manuela Suárez, hija de un ganadero que tenía fama de acomodado, confirmó relaciones amorosas por las que llegó a ser nuestro abuelo, que poseía mucha iniciativa, pero, a la sazón, menos efectivo dinerario, lo que parece suplió la mejor bonanza económica de mi abuela. No tardó el reciente matrimonio en adquirir en Madrid un establecimiento en la calle del Carmen conocido como la "Fonda de los Leones", que se distinguía por la presencia de los leones de escayola que flanqueaban la entrada de la escalera en el portal del numero 14 de la calle, y que no estamos seguros de afirmar que fue idea suya, para resaltar la procedencia leonesa, de la que siempre alardeó. Con excepción de la mayor, mi tía María, que había nacido en otro domicilio en 1894, todos los hermanos allí vieron la luz, como lo atestiguan el estar bautizados en la cercana parroquia del Carmen, que coincide hasta con el nombre de mi madre.

Sobrevino el desastre colonial del 98, y si bien supuso un golpe para el sentir patriótico, sin embargo constituyó cese de la sangría de la guerra y hasta una mejora de las condiciones mercantiles de la capital, que se tradujeron en la adquisición

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del denominado.. (sigue en la imagen)


El "Café Habanero"  hasta su desparición por el trazado de la Gran Vía

A finales del pasado siglo y principio del actual, la actividad de estos establecimientos y su gran número, en relación a los habitantes capitalinos eran tales que se estimaba como objeto de atención en otras capitales europeas. Puede decirse que la vida de los madrileños se hacía prácticamente en el Café, desde los negocios a las más graves crisis políticas, como lugares de reunión y tertulia en donde el escritor escribía; el estudiante, estudiaba, y el poeta se inspiraba. Más adelante podrán leer los versos que D. José Manuel Ruiz de Salazar dedicó a mi tía en su 18 cumpleaños, y que dada la importancia de tan distinguido personaje también en León, donde tiene una calle, le dedicaremos un capítulo. Todos estaban dotados de amplios divanes -la barra no existía todavía-, grandes espejos y música ambiental a cargo, por lo menos, de un terceto, del que salieron eminentes compositores, sobre todo de zarzuelas. Tenían una fisonomía propia que los diferenciaba de otros europeos o americanos y frecuentemente ofrecían servicio de restaurante.

En 19l0, S.M. Alfonso XIII inauguraba el comienzo de las obras de la Gran Vía, que duraron bastantes años, hasta ser objeto de sainetes, ya que todavía no existían los "bulldozer" y el derribo se realizaba con pico y pala. Todos los incluídos en la fotografía que adjuntamos, propia de la "belle epoque" no podían suponer entonces que el trazado que discurría sobre la calle de San Miguel, que evitó la conocida como de Caballero de Gracia, que era paralela, iba a suponer, por un margen relativamente escaso, la desaparición del "Café Habanero" situado esquina a la calle Valverde, con el descabezamiento de la citada antigua calle para luego allí edificarse la Telefónica, buen "panteón" para el que fuera su establecimiento, según llegaría a comentar años después el expropiado forzoso en su senectud.

No ha sido tarea fácil encontrar un plano madrileño asequible anterior al trazado de la Gran Vía, lo que al fin ha sido posible y que reproducimos y en donde situamos el Café, la Fonda de los Leones y el Hotel Europa, que será objeto de comentario específico, ya que ambos establecimientos han sobrevivido a la época, y en el último también tiene que ver y destacar la presencia de mi tío Isidoro. De forma que en lo que era el centro neurálgico de la Villa dejaron su impronta los emigrantes montañeses de Luna como pronto hemos de confirmar.

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Un parroquiano insigne amigo de la familia: D. José Manuel Ruiz de Salazar y Usátegui

Por azares providenciales, el que fuera nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad de León, citado en el epígrafe, ilustre Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, así come Arquitecto miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que vivía en Madrid, calle de Valverde, 36, esto es la misma a la que daba esquina el "Café Habanero" de Desengaño 8, se convirtió en amigo sincero y casi estuvo a punto de integrarse en la familia.

A su paso por la Jefatura de Obras Públicas leonesa se distinguió por su benemérito quehacer en favor de la mejora urbanística y futuro ensanche de la ciudad, lo que está plasmado en un plano que reproducimos. El título es "Proyecto de ensanche en forma radial de la ciudad en 1899", que se elaboró en base al de Joaquín Pérez de Rozas en 1862. La población era de 12.821 habitantes; el perímetro de la ciudad 4.564 áreas que albergaban 1.537 casas o edificios, y como establecimientos docentes un Instinto de Segunda Enseñanza, Escuela de Veterinaria y Escuela Normal de Magisterio.

En los libros originales de Acuerdos, conservados en el Archivo histórico municipal de León, carpeta 99, nº del libro 169, "en la sesión ordinaria de 9 de septiembre de 1889, bajo la presidencia de D. Restituto Ramos Uriarte, Alcalde Constitucional, previa aprobación de la sesión anterior, se leyó una comunicación del 2° Inspector Veterinario en la que propone lo que debe hacerse para evitar la reproducción de las orugas que en asombroso número han aparecido en la Escuela que dirige D. Salustiano Pinto …..(El lector sabrá disculpar este inciso que nada tiene que ver con el tema desarrollado, en aras a una curiosidad irreprimible por la profesión del autor). Y continua literalmente: "dada lectura del dictamen de la Comisión de Gobierno en el que, y con objeto de corresponder a las atenciones que el ingeniero D. José Manuel Ruiz de Salazar ha tenido con el Ayuntamiento, y para demostrarle la gratitud que hacia él siente el pueblo de León, por las obras realizadas y los proyectos presentados para el mejoramiento y ornato de esta población, se propone: 1° Que se declare a D. José Manuel Ruiz de Salazar, Hijo Adoptivo de León.- 2° Que se dé el nombre de Ruiz de Salazar a la primera calle que se abra de las que dicho señor proyecta en el ensanche, que comprende el plano que ha dedicado al Ayuntamiento.- 3° Que previos los trámites necesarios en cuanto al precio, se haga una edición del plano mencionado costeado con los fondos municipales.- 4° Que la declaración de Hijo Adoptivo se estampe en artístico Diploma, que será costeado con los fondos del municipio, y regalarlo al Sr. Salazar. "Fue aprobado por unanimidad quedando el Sr. Ruiz de Salazar Hijo Adoptivo de León, y se ejecuta lo acordado, una Comisión del Excmo. Ayuntamiento visite a dicho Sr. para darle cuenta del acuerdo". Para perjuicio de las generaciones siguientes, no llegaron a materializarse las buenas intenciones de mejora urbanística, que ahora hubieran ahorrado quebraderos a los actuales ediles.

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Cuando el asiduo al Café Habanero intima con nuestros abuelos ya es viudo de su esposa que no le dio hijos, y estaba entroncada con la nobleza abulense, Doña Teresa Lezaeta y Soria, que debió padecer salud quebradiza hasta su fallecimiento en 1903 . Es entonces cuando concibe el viudo crear una finca de recreo en la que erigiría un monumento a Santa Teresa, en honor de su esposa, y que describe así su situación: "Entre el Paseo San Antonio, el convento abandonado de San Francisco y la monumental Basílica de San Vicente (fuera del recinto amurallado), mediante la unión de otras varias adquiridas, en uno de los barrios más importantes de Ávila, en la prolongación de su principal paseo, tiene lugar la inauguración y bendición de la Granja de Santa Teresa, en 1904. El monumento es terminado en 1907 y está constituido por una columna de la antigua Casa de los Lezaeta, sobre el que se mantiene una estatua de Santa Teresa, que bendice el prelado D. Joaquín Beltrán y Asensio en 1907. La puerta principal de la finca se hace por la carretera de Valladolid".

Asimismo, siempre en honor a Santa Teresa de Jesús y en memoria de su virtuosísima esposa Ilustrísima Señora Doña María Teresa de Lezaeta y Soria, dedica esta Sagrada Imagen al pueblo y singularmente a los obreros de la ciudad de Ávila, en su Cofradía de la Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús. José Manuel Ruiz de Salazar y Usátegui. MCMVII.

Hoy es muy difícil identificar la citada propiedad por cuanto en ella se han levantado viviendas, un polideportivo y la estación de autobuses, persistiendo un indicador en piedra de la distancia a Madrid en leguas y un magnífico parque, el de San Antonio, con abundantísimo número de especies arbóreas, centenarias y no autóctonas, que reflejan que alguien ordenó su plantación, conservándose algunas fuentes ornamentales de hierro fundido, muy de principio de siglo, y algunas piedras labradas con caracteres góticos. El límite de la antigua finca sigue siendo la vía pecuaria o cañada real, ahora vía asfaltada, que actúa como separación del propio convento y los jardines de San Antonio.

Alguno extrañará la prolija descripción, pero aún va a hacerlo en grado superlativo cuando confirme, como mi esposa y yo hicimos en el 95, que pese a tanto mecenazgo por D. José Manuel Ruiz de Salazar, en Ávila, ha tenido peor suerte que en León, respecto a su reconocimiento en las posteriores generaciones, pues no hemos encontrado traza de su nombre en el callejero abulense, ni siquiera en el actual monumento a Santa Teresa, en la plaza de su nombre, y que es la misma escultura a la que solo se ha cambiado el obelisco de sustentación, que es más alto, y en donde figuran los nombres de personalidades, pero no el de Ruiz de Salazar.

El comentario final, hágalo el lector amigo y valore tanto inmerecido olvido, lo que enaltece a nuestra capital leonesa, ya que aunque el pretendido proyecto no llegó a materializarse, persiste su nombre en una céntrica e histórica vía que da acceso al Palacio de los Guzmanes, hoy Diputación Provincial.

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La ''Belle Epoque" de nuestros antepasados en Madrid.

Coincidió con el desastre colonial del 98, cuando los habitantes de la capital se habían enterado en las plazas de toros repletas de cuanto había ocurrido en ultramar, la iniciación de una etapa más propia de gente alegre y confiada, que debía hacer oídos sordos a políticos e historiadores, considerados catastrofistas, por cuanto la liberación de costosas campañas militares y presencia de ricos emigrados que fueran de las antiguas colonias, dieron impulso al desarrollo de artes y letras, así como fructíferos intercambios comerciales, muy especialmente al no participar en la primera Guerra Europea.

De esta bonanza económica relativa participaron los emigrantes de Luna que habían acertado a establecerse en Madrid, entre los que estaban mis abuelos, una gran familia al decir de los asalariados que dependían del establecimiento (niñeras, camareros, etc, muchos paisanos y parientes), pues si algo destacó entre nosotros fue siempre el impulso a ayudar a integrarse en la Villa y Corte a los que colmados de ilusiones, no siempre realizadas, acudían al Café Habanero.

El ambiente de buen presente no propiciaba precisamente medidas de austeridad, ya que incluso llegaron a tener "médico de familia" cuando faltaban muchos años para que llegara el Seguro de Enfermedad. Las hijas, que entonces se educaban para el hogar y cuya mejor carrera era el matrimonio, bien dotadas física e intelectualmente, no estudiaron mas que la enseñanza primaria, que reflejan una letra y redacción muy superiores a las de su época. Y una escena costumbrista la protagonizaban cuando sacaban de paseo a dos enormes y nobles mastines -los que por la noche guardaban el establecimiento después de cerrado-, ante la mirada de los jóvenes caballeros del barrio deseosos de algún gesto de las "damitas" que fingían indiferencia ante los piropeadores, una especie matritense que subsiste aunque muy mermada en la ajetreada vida actual.

El hermano varón Agustín, que según las aleluyas que escribiera Ruiz de Salazar, pese a su corta edad ya hacía sus pinitos como contable, superó luego el bachillerato en el Cardenal Cisneros, pero, cuando se disponía a iniciar los estudios de medicina, la "pandemia" gripal del 18, acabaría por llevarlo al sepulcro, como a tantos miles de españoles, maldición de la contienda europea en la que no participamos.

El arcipreste de Caboalles de Abajo, D. Baldomero Suárez Villares, que era el hermano mayor de la familia de Mirantes, había vivido en esa localidad minera ejerciendo su ministerio desde joven, acompañado de sus sobrinos Pilar y Baldomero, hijo menor de su hermano Leopoldo, que le hacían más llevadera la soledad real que le impone su ministerio. En esos tiempos hizo acto de presencia el "Chauffeur", como entonces se les distinguía del magnate Álvarez Carballo, que no tardó en enamorarse de la sobrina Pilar, que al decir de las primas, era muy guapa. Asimismo el sobrino Baldomero ya era mayor y en edad de incorporarse al resto de sus hermanos en Madrid,

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con todo lo cual se decidió que el cura también debería también reunirse con la familia.

Como quiera que el ingeniero Ruiz de Salazar, era muy religioso y autor de muchas obras de este carácter, ni que decir tiene que intimó en las tertulias con el recién llegado cura leonés, hasta el punto que le dedicó una obra titulada "La Amistad", contribuyendo así a perpetuar la relación parroquiano-amigo que ya iniciara años atrás.

Nuestro tío Baldomero dotado de una gran inteligencia, como se demuestra en la certificación del seminario astorgano que reproducimos, y que ya es mérito destacar en la tierra maragata en donde "los pastores hacen relojes", refiriéndose al célebre Relojero Losada que al perder una oveja de las que guardaba en el rebaño, no se atrevió a presentarse ante su padre y emigró, con el resultado conocido y no superado en la materia (hoy el que tenga uno de esos relojes posee una joya).

Todo discurría felizmente hasta que el cambio de ambiente, la predisposición o la incipiente senilidad del muy afectivo sacerdote determinaron la aparición de una profunda depresión que le causaría la muerte, y el disgusto de nuestro abuelo del que ya no se separaría para el resto de su vida.

Luego vendría el episodio de la Gran Vía, con la desaparición del edificio que albergaba el Café, al descabezar el plan urbanístico la calle Desengaño que ahora acaba en Valverde con el edificio de Telefónica, el primer rascacielos que se construyera en la parte más alta del centro de la ciudad. Por cierto que nada tiene de extraño que los rayos en las tormentas allí se descargaran, pues incluso en el domicilio del Café, en la misma edificación, ya cayó una exhalación yendo a parar al contador eléctrico, sin consecuencia para sus moradores, que en ese momento no estaban en casa. La electricidad era todavía invento reciente y coexistía con la luz de gas y no se habían diseñado los pararrayos.

Aún cuando tuvo ocasión de adquirir establecimientos similares y así lo hizo brevemente, el abuelo Leopoldo que decía frecuentemente este pareado: "Madrid, Madridejo: aquí lo gano aquí lo dejo", creemos preso del disgusto de su hermano cura, decide abandonar la Capital y regresar a Luna, siendo portador de un voluminoso equipaje que incluía vajilla y cubiertos de "plata meneses", cerámica variada, enormes baterías de cocina de reluciente cobre, etc, con las iniciales C.H. -Café Habanero--. A los herederos casi no nos llega nada de tal equipo, pues en los actos sociales de Miñera, sobre todo, bodas y bautizos, se prestaba la vajilla, que iba desapareciendo poco a poco. Todavía mantenemos algunas muestras del pasado esplendor cafeteril del fin del siglo y principios del presente, así como las castañuelas que le hiciera a punta de navaja, una verdadera obra de artesanía.

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Otra conquista de nuestros antepasados: el Hotel Europa.

Podemos suponer, dado el nombre del céntrico establecimiento hotelero, casi en la Puerta del Sol, que su denominación tiene algo que ver con la ya terminada conflagración que se conoce como primera guerra europea, que es cuando hace acto de presencia en Madrid el tío Isidoro, el mayor de los hermanos de mi padre, que, como todos ellos, dominaban la equitación y el manejo de los caballos, aprendido en la montaña desde niños.

Contrajo matrimonio con viuda asturiana, que debió ser la iniciadora del negocio hostelero, que se complementó con el de los coches de alquiler, con un caballo, conocidos como "simones", pues el automóvil no estaba generalizado. La clientela siempre asegurada mutuamente con el establecimiento hotelero y el viaje garantizado a todas las estaciones de F.F.C.C., no tardó en dar el paso a una flota de taxímetros automóviles Citroen, e incluso un microbús de la misma marca para el servicio de los viajeros.

En estos tiempos colaboran y ayudan a la buena marcha del negocio los hermanos Heliodoro y Constantina, así como los hijos de la viuda, ahora ya su esposa, que le dá una niña que luego sería el cerebro de la organización familiar, y a la que ponen ¿cómo no? el nombre de Isidorita, que casi era de la edad de mi madre, ya que los hermanos se llevaban más de diecisiete años.

Sobreviene nuestra contienda, y aquí hay un paréntesis de cerca de tres años, que se salva gracias a los sobrinos, Ignacio, Francisco y Heliodoro, llamado como Su padre ya fallecido; y llegada la paz, con la flota de coches de alquiler requisada y desaparecida, el hotel comienza su andadura y, con todas las escaseces, se empieza con material usado, que anda gracias a la competencia del primo Paco, del que vamos a reproducir una fotografía para que se vea el parecido que tiene con mi padre, muy superior a sus hijos.

Ya anticipábamos que nuestra prima Isidorita, de pequeña estatura, demostró ser una buena empresaria -en la época que imperaba el "machismo" - y con su acertada dirección, operaciones inmobiliarias y flota de coches de alquiler, volvió el hotel a ser lo que había sido, a la par que el tío Isidoro destacaba en el gremio hotelero incluso con cargos sindicales.

En el año 1945 la fatalidad se cebó con esta familia cuando un conductor inhábil invadió la acera de la calle de Peligros, casi esquina Alcalá, justamente cuando por ella paseaban padre e hija, con el resultado de heridas gravísimas del anciano tío que falleciera poco después, y fractura de la base del cráneo de su hija acompañante, que, debatiéndose entre la vida y la muerte, llegaría a superar el traumatismo con el tiempo, recuperándose totalmente, hasta el punto que siguió llevando sus negocios hasta hace

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poco mas.. (sigue en la imagen)





Un veraneo frustrado

En la madrugada del 18 de julio de 1936, cuando teníamos preparado el equipaje y billetes de tren, para llevar a efecto el largo veraneo de todos los años en Miñera, un nunca oído estruendo, producido por las detonaciones de armas de fuego, nos acercó a la realidad de que vivíamos cerca del Cuartel de la Montaña; y que los rumores de sublevación militar habían resultado ciertos, igual que una frase pronunciada en voz alta, que captamos de la calle: "Ahora va a empezar".

Fracasado el alzamiento con la toma cruenta del cuartel, aún pudimos al día siguiente telefonear a la estación Príncipe Pío, de donde partían los trenes de la compañía "Caminos de Hierro del Norte de España", obteniendo esta contestación escueta:

"Que se había producido una "asonada" militar y que esperaban que todo estaría resuelto en un par de semanas". ¡Qué mas hubiéramos deseado que el vaticinio resultara cierto!.

Siempre habíamos vivido en el centro de Madrid, ya que mis padres venían desarrollando actividades relacionadas con el negocio de hostelería, hasta que decidieron suspenderlas al principio de este año decisivo en la historia contemporánea. Atrás quedaba lo que había sido una conocida pensión (que hoy se denominaría hostal) en la calle Luis Vélez de Guevara nº 9, ocupando un amplio y antiguo caserón, posiblemente contemporáneo de Lope de Vega, que disponía de una galería muy soleada, cualidad que indujo a la elección del edificio, y que daba a un amplio patio de cocheras, primero, de caballos, y, luego, de automóviles.

Por allí pasaron huéspedes diversos, no faltando nunca paisanos y parientes, y todos recordábamos con agrado la época en que venía un entrador de frutas del Valle del Jerte, que nos obsequiaba con unas excelentes cerezas. Entre los hospedados jóvenes, causó admiración el que un "guardia de asalto", denominación anterior a la de "policía armada", canario, por más señas, resultó ser el novio de una guapa chica que fue proclamada "Miss España" 1935.

Al cese de la actividad hotelera, los numerosos muebles de madera se guardaron provisionalmente en el Convento de la Plaza de España, esquina a Ferraz, cuyas amplias dependencias se aprovecharon como guardamuebles, actividad que la orden religiosa se vio obligada a desarrollar entonces como forma de subsistencia, compitiendo en precios con el ramo, muy especialmente, gracias a la simpatía y don de gentes del padre Portero, y hasta creemos que influyó para que alquiláramos un piso, entonces recién construido, propio de la llamada clase media, en la calle Martín de los Heros, próxima a la plaza, ya en el denominado barrio de Argiielles, que disponía de calefacción individual y amplio cuarto de baño, independiente del W.C., detalles que no estaban muy generalizados en esa época. Allí se pretendió vivir sin problemas de negocios, que ya iban reflejando la anormal situación que se gestaba.

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La inesperada presencia de un paisano de Miñera

Los emigrantes que, en los tiempos posteriores a la Contienda, deseaban ir a Hispanoamérica, recordarán el nombre del eficiente funcionario de policía, encargado de la sección de pasaportes, que entonces se obtenían después de salvar numerosas trabas político-administrativas.

Lo que ya no es de dominio público, posiblemente, lo constituyan las azarosas circunstancias personales de Rufino Fernández Miranda, antiguo seminarista, movilizado con su quinta en los primeros tiempos del Alzamiento e integrado en una columna que pretendía "liberar" Madrid; sólo que su entrada en la capital lo fue como prisionero de guerra, después de la derrota en la batalla de Peguerinos, uno de tantos episodios que contribuyeron a alargar la contienda. En verdad que la vigilancia en el campo de concentración no debía ser muy estricta, por lo que pudo evadirse y presentarse en nuestro domicilio clandestinamente, y en donde permaneció oculto hasta casi el final, con el consiguiente peligro para su vida y la de sus acogedores, que, siguiendo la tradición familiar, seguían posponiendo sus conveniencias, a las circunstancias del, en este caso, vecino y paisano.

Su formación religiosa le ayudó a soportar el largo, forzado y obligado cautiverio domiciliario, oyendo la radio clandestina -cuando había energía suficiente-, y no pudiendo bajar al improvisado refugio del sótano, como hacíamos los demás en los frecuentes bombardeos, en uno de los cuales llegó a impactar en el piso de arriba un obús que no explotó.

En agosto de ese año, la ciudad parecía estar a punto de ser conquistada por los llamados nacionales desde la Ciudad Universitaria. Y somos testigos de excepción, a través de las persianas de hierro de la casa, del paso de un tanque hasta la plaza de España en una noche, cuando hizo el regreso a la inversa, suponiendo era enemigo. Luego ya no sería tan fácil el avance por cuanto se dispusieron parapetos o barricadas en esas calles, que duraron hasta el fin, y pasamos a ser "zona de guerra", cuyos habitantes deberíamos acceder al domicilio con salvoconducto. Tampoco nos faltó la "protección" de una batería de costa emplazada frente al monumento a Cervantes, y delante del grupo escultórico de D. Quijote y Sancho, tapados con sacos terreros, la cual, al primer disparo, acabó con los pocos cristales que quedaban en casa. La citada pieza artillera provocaba con sus esporádicos disparos la contestación múltiple del enemigo que barría la zona, lo que acabó por reducirla a la inactividad.

Damos por sabidas las enormes dificultades de abastecimiento que hubimos de sufrir cerca de tres años, unido a la carencia de combustible, que suplíamos con la quema de muebles no imprescindibles de la casa, pues ni decir tiene que los llevados al convento, ahora requisado y cuartel de una brigada, pasaron a la historia por el mismo camino, sirviendo de leña y supliendo al inexistente carbón y el suspendido servicio de

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gas.

Casi simultáneamente a la terminación de la contienda, hizo acto de presencia el teniente provisional, destinado en "guerra química" por su titulación, nuestro pariente Manuel, de que ofrecemos una pequeña fotografía y esa fuera el postrer visitante en nuestro domicilio, ya que no tardaríamos en trasladarnos a otro barrio que no nos trajera tantos recuerdos, que, no obstante pudimos relatar.




CAPíTULO TERCERO

La certeza de la construcción del Pantano

El abandono por parte del Gobierno republicano surgido en 14 de Abril de 1931 y cuya constitución comenzaba diciendo: "España es una república de trabajadores de todas clases que se organiza en régimen de libertad y de justicia") del Plan Hidrológico del Conde de Guadalhorce de 1926, bajo la Dictadura de Primo de Rivera, había hecho olvidar a los montañeses de Luna la sentencia de desaparición que pendía sobre sus cabezas, hasta el punto de que, aprovechando cierta bonanza económica provocada por la escasez de productos alimenticios de la posguerra, que daba salida "de estraperlo" a parte de la producción agroalimentaria, se mejoraron las condiciones de vida rural, que en una zona fría, como la nuestra, empezaban por no depender exclusivamente de la lumbre baja, incorporando a la casa una cocina con fogón de hierro, tipo Bilbao, carbón de piedra, y hasta agua abundante con pozo dentro sirviéndose de una bomba manual de las denominadas de jarro, junto a una meseta de buena tarima de madera llamaban "trébede" y que proporcionaba calefacción en los duros inviernos, mientras se jugaba la partida, o el relato conocido como "filandero" no "filandón" que es palabra desusada en Luna.

Que las especulaciones sobre si se iría o no a construir la obra hidráulica en un tiempo en que la prensa era poco leída; la radio estaba en mantillas y las posibilidades de de captación con energía eléctrica local escasa, cuando no inexistente, y aparatos receptores que exigían alimentación de cierta intensidad por sus lámparas (los transistores tardarían en inventarse), no contribuyeron precisamente a dar a conocer al pueblo llano el peligro que acechaba. La certeza vino en letra impresa en el Bolet Oficial del Estado en 1945, que adjudicaba las obras del Pantano de Luna, que regularía la cuenca del Río Órbigo, previniendo sus avenidas, permitiendo el riego de 46.000 Hectáreas (que luego fueron 4.000 más), y con aprovechamiento hidroeléctrico en Central de Mora de Luna (hoy a cargo de Fenosa).

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Empiezan los primeros inconvenientes de una estructura rural minifundista

La casi totalidad de las propiedades urbanas y rústicas, con poquísimas excepciones, fueron transmitidas de generación en generación a sus legítimos herederos por el sistema de las "hijuelas", en las que "dos hombre buenos", asistidos por testigos, iban trasladando a papel de barba las pertenencias y su distribución, de su puño y letra y elaboraban un documento al que se daba más valor y certeza que a cualquier escrito notarial, y que era mejor garantía de su propiedad y pertenencia.

Por otro lado, las revisiones catastrales (de las que ahora se abusa y prodigan) eran tan especiadas que, sin ir más allá, conservamos un recibo de contribución de nuestro bisabuelo Agustín que en 1930 todavía venía a su nombre, aún cuando falleciera muchos años antes. Así pues el llamado líquido imponible era muy inferior al real, y si bien esto beneficiaba, de momento, a la larga se reflejaba en la tasación de los bienes, circunstancia que aprovecharían los técnicos hacendísticos para sostener valoraciones irrisorias.

Si a esto añadimos el desconocimiento de que los afectados pueden nombrar un perito de su parte, y cuando así es, el citado parece inclinarse más al lado de la parte pagadora que a la receptora, por comodidad o conveniencia, habremos resumido en pocas palabras la realidad dolorosa de unas indemnizaciones a los damnificados que seguimos calificando de miseria, aún aplicando corrector de alza de coste de vida:

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Hay otra anomalía estadística refiriéndonos al caserío que en el paraje "Las Juncarinas" ha pretendido heredar el nombre del desaparecido Miñera, con su buena agua del "Ojo de la Fuente" su "plaza de San Lorenzo", primitiva edificación de Guisuraga; la de Ulpiano, similar a algunas de Babia y la más clásica y señera (que aprovechó materiales de la nuestra desaparecida), antes de Leonor Valdés y ahora comprada por Guisuraga, así como las escuelas. Existen también dos naves que reutilizan la turbina del taller de carpintería y otra de la viuda de Ernesto Tuñón. También se ha construido un cementerio que alberga en fosa común los restos del de Miñera.

 

 

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Mapa reproducido del levantado por el Instituto Geográfico y Catastral, para los trabajos del Pantano de Barrios de Luna

Incluye todas las localidades afectadas, menos Mirantes, y sí su anejo "La Canela" por lo que puede situarse fácilmente.

Para facilitar su consulta hemos alterado la primitiva escala de 1/50.000= 1/25.000 que permite, por su doble tamaño, observar mejor todos los detalles, la mayor parte irrepetibles, como el túnel, los puentes y la completa señalización de las minicentrales eléctricas, arroyos y cursos de agua que vierten en el anegado Valle. (1)

(1) Por conveniencia de manejo, pasa a la última página

La extraordinaria labor de dos sacerdotes llegados a Luna desde la vecina Asturias

No es demasiado frecuente el que dos curas actúen como si fueran agentes de extensión agraria cuando faltaban muchos años para que desarrollaran la labor que estos hoy ejecutan con cargo al Ministerio de Agricultura. Y si ello tiene lugar, dejando las específicas labores pastorales a los párrocos, con los que nada tenían que ver, salvo las relaciones de buena vecindad y camaradería, dan al relato un carácter bastante insólito.

A finales del siglo XVIII, el Valle no era el que luego sería inundado respecto a los métodos de explotación agrarios, gracias al cambio imprimido por los citados sacerdotes, llegados providencialmente y que predicaban con el ejemplo de sus propios ganados que allí asentaron, empezando por buscar pastores, a los que transmitían procedimientos de mejora genética con buenos sementales y explotación racional de pastizales, cuya existencia fue el motivo inicial de la presencia en Miñera.  Allí encontraron que las labores agrícolas se encomendaban a yuntas de équidos, en ocasiones una pareja de asnos, algo muy distinto a lo que habían siempre visto en sus lugares de origen, por lo indujeron a los más decididos a que probaran con vacas que, además del trabajo, daban el ternero y la leche. Los primeros sementales vacunos fueron cedidos a condición de que su pago aplazado se haría en sucesivos años y con

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cargo a la producción, en plazos muy espaciados y con todas las facilidades, teniendo en cuenta los imprevistos como accidentes o muerte, con convenios verbales a los que se daba el valor de la mejor escritura.

Poco a poco fue cundiendo el método y extendiéndose por el Valle, que iba adoptando el cambio propuesto por los arriesgados curas, el primero de los cuales edificó su casa rodeada de amplios corrales y haciendo uso de buenos canteros que trabajaban la materia prima tan abundante con esmero, cuya presencia tendrá que ver con la construcción de iglesias y ermitas como la de Las Nieves y la capilla de Mallo, en las que la piedra labrada es coexistente con la mampostería y argamasa de cal, que tan buenos resultados dio a la edificación de la Montaña.

El segundo de los clérigos comentados se inclinó mas por el ganado lanar, hasta el punto de poseer uno de los mejores rebaños de merinas trashumantes, que, andando el tiempo, sería adquirido por otros vecinos, entre los que recordamos al padre de la madre de Bartolomé Alonso, del mismo nombre del nieto, y que continuaría la tradición ganadera ya casada con Emilio, que vino de Campo de Luna.

Por lo tanto, si el aumento de las producciones agrarias tuvo lugar, y con ello una cierta prosperidad para la zona, hay que recordarlo como originado por estos misioneros, que no tuvieron precisión de acompañarla con materias propias de su ministerio, al coexistir con los párrocos de turno, realmente encargados de la labor pastoral, que no obstante debió verse incrementada por el mejor nivel de vida que ha dado muchos formados en el Seminario ovetense, al que pertenecimos hasta la última división eclesiástica acorde con la provincial.

Con la rutina anterior y escasa renta agraria, casi nos atrevemos a afirmar que no hubiera sido posible el afloramiento de tantas vocaciones religiosas que han caracterizado a Luna como venero, hasta no ha mucho, del citado centro asturiano.

Hemos querido hacer este pequeño inciso como curiosidad de que la evolución en a renta era sinónima de más prados, más vacas y más ingresos, la máxima aspiración le los naturales y cuya cuantía indicaba su potencial económico.

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Recuerdo somero de cómo eran las localidades sumergidas

Siguiendo el orden establecido en el episodio anterior, debemos referirnos a:

TRUVA

En sí está representado por un molino, con almacén y casa adosados a kilómetro y medio del túnel de los Barrios que dio nombre a las tierras de labor de alrededor, entre las cuales se encontraba una nuestra, explotada en arriendo casi simbólico por nuestros parientes de Mirantes, procedente de la herencia del abuelo Leopoldo. La proximidad a la nueva presa le hizo ser la primera inundada, incluso con el episodio relatado de los haces de mies recolectados flotando en las aguas anticipadamente embalsadas. Formaba parte de la Vega tan feraz como bella.

LA CANELA

Era una pequeña agrupación urbana o barrio de Mirantes, que llegó a tener más importancia comercial, que la propia matriz, surgiendo primeramente como "parada de postas", al construirse la carretera a principios del 900 y con tracción animal. Su nombre indica que existía una Venta edificada y explotada por Raimundo Fernández. que fue el autor del nombre que se perpetuaría hasta su fin, y que desarrolló los negocios del parador, taberna, tienda de comestibles, tejidos y ferretería, esto es abacería -según titulaba hacienda a la licencia fiscal- disponiendo de camión de transporte, una actividad que incluso después de la expropiación ha venido desenvolviendo su sucesor hasta hace poco, nuestro amigo Manuel Cuellas Fernández.

El gremio artesanal también tuvo su relativa importancia como la reparación de calzado a cargo de José Fernández, tío de nuestro amigo y benefactor de la Iglesia,  donante de una importante cantidad para la restauración de la imagen románica de le. Virgen del Rosario: el culto maestro (director escolar, como el se titula) Carlos Fernández Rodríguez, que no ha faltado hasta hace poco a la cita anual festiva.

Por último; y no queremos afirmar que sean todos los personajes, sino los que tenemos registrados, vamos a destacar el taller de carpintería de Bartolomé García, artesano de prestigio que construía unas carretas para vacuno -hoy joyas arqueológicas-, en las que las ruedas no eran de radios, sino constituyendo un círculo de cuatro piezas ensambladas, que circundaba un aro metálico, directamente unidas a un grueso eje de madera, conjunto que producía al andar un típico chirrido que denotaba su presencia a distancia - y que hubiera hecho las delicias "del abandonado que no engrasaba los ejes, del tango argentino"-. Su ingenio artesanal se nos mostraba a los niños, entre los que me encuentro, que envidiábamos los modelos de coches miniatura que sólo podíamos ver y no tocar.

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MIÑERA DE LUNA

Su nombre delata ya alguna actividad relacionada con minas, la que, efectivamente, se inició durante la denominación romana que ya obtenía el mercurio de los yacimientos de cinabrio presentes en el paraje de La Mata, que suministraba el combustible de sus grandes robledales. Para dar salida a la producción no dudaron en realizar una obra de importancia, esto es, el puente sobre el Luna entre la mirada vigilante de los dos "Castrum", conocidos después por el de Arriba y el de Abajo, que tantos restos arqueológicos han suministrado al Museo de León. Cuando el eminente historiador y cronista provincial, el salmantino Mariano D. Berrueta pasó cerca de él, en la precipitada e impuesta visita-disculpa del atropello que se iba a cometer antes de la primera inundación, apenas nos legó datos de su magnificencia, lo que hay que perdonarle.

Bien es verdad que el puente de San Lorenzo que el vio era ya una ruina inminente de lo que hasta bien poco antes había sido, refiriéndonos a la desdichada reparación que sufrió a manos de un contratista ayuno de conocimientos específicos para este tipo de construcciones romanas, posiblemente mal dirigido por los técnicos de la obra. El dislate cometido fue, nada mas y nada menos, que sustituir la cimentación original de madera de roble que sustentaba los pilares por un mal hormigón -que no había visto el armado de hierro- y que no resistió la primera riada de importancia. Del inmejorable estado de la madera de roble, pregunten a los carpinteros que recogieron los restos para emplearlos como cajas de garlopa.

Y es que toda la zona fue un inmenso robledal, con ejemplares de gran tamaño, que cortados en verde, se sumergían en el agua, resultando un material eterno y de resistencia superior a la del acero, como habían descubierto los magníficos artífices romanos, que hoy llamaríamos ingenieros. Sus catorce arcos, empezando por los pequeños, iban aumentando de tamaño hasta llegar a los grandes que realmente salvaban la corriente caudalosa que discurría por la orilla de nuestra era - no obstante todos los años sufría el zarpazo de las avenidas- mermando su extensión, pese a las defensas que mi padre disponía. Como quiera que sea, la pequeña heredad nos ha hecho testigos de las últimas vicisitudes del puente, cuya anchura de vía era suficiente para el paso de una cuadriga, luego incluso camiones, hasta que los arcos principales, a consecuencia de la malhadada reforma, comenzaron a ceder, desaconsejando el paso de vehículos pesados.

Durante el reinado de Carlos III las buenas construcciones que España conserva, más por su calidad que por los cuidados, también se reflejaron en Miñera, donde parte de la antigua casa del que luego fuera Obispo, y la de nuestros antepasados que tenía -caso único en el Valle- el alero de piedra labrada, así como las esquinas y huecos de puertas y ventanas, denotaban la mano de canteros de excepción que sacaban el mejor provecho a la abundante materia prima en forma de piedra caliza blanca, presente también en la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves.

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El repaso del álbum fotográfico nos trae a la memoria otras imágenes que no están: como las de la "médica", Doña Francisca Álvarez Miranda, hermana del obispo, viuda del médico que allí ejerció y madre del que fuera Canónigo Secretario del Obispado D. Felipe, y sus hermanos  D. Honorio, que luego destacaría en Gijón, siempre con su sombrilla-paraguas y un visible bocio externo que le valió un apodo.

También, coincidente con la carretera, se edificó frente al camino que conducía a Mallo a través del puente, un edificio que albergaba los servicios del parador, tienda bazar tipo abacería, que regentó la viuda de Bernardo Suárez, de soltera María García hija de Doña Francisca, hermana pues del canónigo y el médico.

El que, años ha, de joven estudiante de cura que no llegó a cantar misa, nuestro tío Mariano, que por sus conocimientos de latín fue el sacristán perpetuo de D. Aniano el párroco, y que no sobrevivió a la liturgia en lengua vernácula actual, se casó, según decía, con "la mejor moza del pueblo", léase la tía Leonor, hermana menor de la Abuela. Ma Manuela, alta y rubia, como sería luego su hija Aurora -otra guapa precoz que acabó soltera-. Puso un negocio de calzado a la medida, como buen artesano y comercializó la pequeña exportación de las truchas que abundaban y sólo se consumían localmente frescas o escabechadas. Tuvo siete hijos, cinco varones y dos hembras y con su inseparable sombrero y perilla de barba rubia se mantuvo muchos años como cliente de "un cuartillo de aguardiente" que le servía de disculpa para el desplazamiento diario a La Canela, permitiéndole rebasar la edad de ochenta años.

Cuando terminó la guerra regresó temporalmente Arsenio, uno de los hijos mayores, que se trajo de importación temporal un coche americano, envidia de propios y extraños, con matrícula de Méjico y que asimiló tan bien la cultura azteca y sus modismos lingüísticos que parecía ser paisano de Pancho Villa, cuando le escuchábamos muertos de risa. Estaba casado con la hija de un buen comerciante de Láncara, y luego se hizo ecologista. Unos mozalbetes de Miñera aprovechando el entierro del jubilado maestro y padre de Rufino Fernández, D. José, intentaron arrancar el "Plymout" infructuosamente, aunque consiguieron agotar la batería. Era el verano de 1943.

Los nombres de Aniano, Ramiro y Herederos de Teresa Álvarez, todos con ese apellido son los mejores ganaderos, y algún seguidor de la tradición del bisabuelo del que estas líneas suscribe: Agustín Suárez Alonso, como su hijo Santiago.

La carpintería tomó ya importancia con la construcción de carros dotados de ruedas con radios, con la decisiva iniciativa y conocimiento del hijo mayor de la segunda boda del tío Juan, Emilio, que dio impulso a la mecanización aprovechando el pequeño salto del mini embalse que recogía las aguas del arroyo del Villar, en la intersección con el del "Ojo la Fuente", cuya turbina debe conservarse en "Las Juncarinas".

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La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves en Miñera

Los naturales de esta población habrán reconocido en la portada de nuestra historia, la emergente, en período estival de bajo nivel, iglesia de arciprestazgo, que incluso asomaba el campanario, hasta que, en el 94 , un depredador, para hacerse con algunas piedras labradas de arco, derribó lo que quedaba de la espadaña, posiblemente para incorporarlas al ridículo patrimonio de un chalet de los actuales, que gustan en adornarse con algunos elementos antiguos. La piedra caliza y la cal, como argamasa, han permitido que una gran parte del templo permanezca en pie, aún después de la inmersión, y ello, unido a la abundancia de piedra labrada y su magnífica escalera de caracol para subida al campanario, que no suele estar presente en otras iglesias similares. Los canteros emplearon la misma técnica en su construcción que hicieran en la Edad Media, los artífices de la escalera interior de la torre del homenaje de Castillos como el de Cifuentes, según he podido constatar, aún cuando la fecha de construcción debe ser pareja a la de la ermita a finales del siglo XVIII. Esta muestra del buen hacer que imperaba durante el reinado de Carlos III, hubiera merecido el desmontaje, al menos, de los elementos nobles, y su reconstrucción en "Las Juncarinas", el bello paraje próximo al "Ojo de la Fuente" y la abandonada mina de mercurio, en donde el tesón de permanencia que iniciara la modista Leonor, mantuviera Petronilo Guisoraga y los hijos de los carpinteros, junto al desaparecido Tuñón, gracias a rechazar la expropiación, mantienen un oasis para el recuerdo de lo que fuera el pueblo.

En el atrio de la iglesia, levantada bajo la advocación de Santa María de las Nieves, se reunía el concejo abierto de vecinos al toque de campana, y propició a numerosas bautizadas el nombre de Nieves. La buena factura y calidad de las dos campanas permitían oír sus tañidos a varios kilómetros en derredor en ocasiones no siempre gratas, como incendios o muertes.

Nos remitimos al reportaje gráfico que hemos obtenido con los restos.

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La excepciona labor divulgadora del hijo de Miñera y prestigioso médico de Pola de Gordón

En la época actual, con equipos de atención primaria, abundancia de quimioterápicos y antibióticos, a los profesionales noveles de la sanidad, en tres ramas, humana, farmacéutica y veterinaria, no les vendría mal echar una ojeada a la pequeña cartilla divulgadora -escrita e impresa en 1917-, en donde, en lenguaje asequible para el profano, se hablaba ya de la peligrosidad del bacilo de la tuberculosis, casi inmediatamente al descubrimiento de Robert Koch, por su fácil difusión y contagio, lo cual, para bochorno de la generación actual, no sólo no ha sido erradicado sino que se ha conseguido resistencia en ciertas capas a los antibióticos, fenómeno que sigue dándose en sectores marginados de población y como germen de salida de otras graves enfermedades como el SIDA.

La cartilla divulgadora habla de los magníficos efectos germicidas de las radiaciones ultravioletas solares -que el saber popular resumía, "en donde no entra el sol, entra el médico"-, y que los urbanistas, del brazo de los especuladores de terreno, en connivencia con los arquitectos, han olvidado en nuestras urbes, cuando un bloque de edificios altos tapa al siguiente, condenándole a la sombra, de por vida.

Como curiosidad, ya se habla de recoger esputos y secreciones con pañuelo de papel para ser destruidos y esterilizados adecuadamente. Algo así como los modernos "kleenex".

El autor comentado no es otro que el hermano del que fuera obispo, Dr. Julián Álvarez Miranda, Inspector del Ministerio de Sanidad de Pola de Gordón, nacido en Miñera, Y tío de otro médico que ejercía en Gijón, D. Honorio.

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"Las Juncarinas"

Cuando existía Miñera como pueblo, el paraje que encabeza este escrito era un bello lugar de paso obligado para llegar al "Ojo de la Fuente", o sea el punto donde brota el agua de un manantial de los que bajan al valle y que es el más importante y nunca se ha visto seco, con fresca, limpia y no contaminada agua potable. Allí se organizaban meriendas con cualquier motivo lúdico o no.

Cuando se trazó la carretera nueva por "La Biesca", que desciende a un pequeño valle, y antes de volver a ascender deja a su derecha un espacio por el que discurren las aguas de los arroyos y en donde ha surgido edificaciones de los que preservaron el lugar de pertenecer a la Confederación Hidrográfica, rechazando su expropiación. Hoy recuerdan a la matriz con el nombre de una plazoleta "San Lorenzo", un cementerio que alberga en fosa común los restos trasladados antes de la inundación, fuentes abundantes y hasta un mini salto de agua que puede mover un taller de carpintería, heredero del que hubo en el pueblo.

LAS FOTOGRAFÍAS que a continuación veremos numeradas del 1 al 6 nos señalan, con el número 1, los saltos naturales por los que se despeña el rumoroso arroyuelo, con la joven Ángeles Gutiérrez González, más conocida como sobrina de su tío cura D. Manuel; la siguiente y número 2 es el mismo "Ojo de la Fuente" contemplado por mi mismo y el niño que hoy es ingeniero de minas; la número 3 muestra el nacimiento de la fuente; la número 4 la primera casa que levantara Leonor Valdés; la número 5 muestra el cementerio nuevo con la buena factura de su entrada, y, por último con el número 6, el edificio de las escuelas que nunca cumplieron ya su misión educativa al faltar niños y maestros, y ahora han pasado a propiedad particular.

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Casasola

Barrio de Miñera, distante tan sólo un kilómetro de su cabecera en el que dispuso su sastrería Ángel Valdés, que vestía a toda la demarcación. Su hija Leonor aprendió el oficio y lo aplicó a modistería de señora, manteniendo a su madre que, sin padecimiento que lo justificara, permaneció sin levantarse de la cama durante veinticinco años, lo que la obligó a reservarse solar en "Las Juncarinas". Su hermano Balbino había emigrado a Norteamérica y cuando vino a ver a su familia, después de nuestra contienda, en el año 39, protagonizó un suceso digno de ser contado por chistoso, cuando al llegar a la capital leonesa se dirigió a una entidad bancaria para cambiar unos dólares, el director, con algún pretexto, le entretuvo en su despacho, mientras ordenaba contactar con la Comisaría de Policía, sospechando que sería victima de atraco. Un dispositivo policial desusado en la pequeña capital se puso en marcha; identificando al súbdito americano, presunto "ganster", que aclaró sus intenciones de obtención de moneda española pero se olvidó de que iba vestido con traje a rayas y sombrero ancho, como un atracador de película, que la mente del atemorizado director del banco había sospechado como socio de Al Capone, y a que incluso su pasaporte indicaba la procedencia: Chicago.

Instalada en su nueva casa, entabló relaciones con un obrero de las obras del pantano, Vicente Esteban, de nombre, que había llegado de Guadalajara primero condenado a trabajos forzados, aunque no se trataba de ningún delincuente: tan solo prisionero de guerra en Torija, la localidad del error táctico más sobresaliente del Mando Italiano, que después de ocupada se retiró kilómetros atrás por la noche, dando tiempo a la reacción republicana con fuerzas de las brigadas internacionales también con italianos desde Madrid, con lo que Franco ya no les dejó solos en el resto de las operaciones.

El alcarreño, esposo de Leonor compartió con ella y su madre la vida en aquellas soledades, sobre todo invernales, manteniendo sus vacas y su cerdo de matanza como antes, aunque la muerte de Vicente, más joven, no la sobrevivió, y pasó a integrase en una residencia de la Seguridad Social en Armunia hasta sus últimos días.

De aquí salieron buenos criadores de ganado lanar como Francisco Álvarez y después tratantes de fama como los hijos, el más conocido apodado "Mc. Arthur", por su buena estatura y empezar sus actividades casi con la derrota de los japoneses en 1945, recordando al victorioso general americano. Todavía era asiduo concurrente al mercado de ganados de Benavente cuando yo desempeñaba la dirección como veterinario jefe.

Como curiosidad destacamos el nombre de Juan Saa Videira que se integró en Casasola al casarse después de emigrar de Portugal, y cuya familia ha resultado en la actualidad una de las que mas han progresado económicamente por sus acertadas

 

 

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inversiones.

El caserío era muy aceptable para los tiempos que corrían, excepto una casa de planta única, la de la "tía Joaquinona", que se distinguía por el tejado de paja de centeno, como las pallozas, y que, como muchos de su edad, todavía decían "levantaibus" como imperativo del verbo levantar, reminiscencias latinas del antiguo dialecto anterior al castellano y que va a ser un interesante trabajo resumen de tesis doctoral que se ofrecerá en el mercado librero.

 

 

 

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El Molinón

En el ámbito comarcal- y hasta en el provincial- son inseparables "El Molinón" y el veterinario D. Manuel Suárez Iglesias, pues el "viter" ocupó con su irrepetible personalidad y vastos conocimientos, incluso extra profesionales, un lugar destacado entre las gentes del Valle, compartiendo con sus paisanos los avatares de la vida cotidiana en el diario ejercicio como inspector veterinario de los ayuntamientos de Barrios de Luna y Láncara, con sus numerosos agregados, actividad que nunca abandonó hasta su fallecimiento, ciertamente prematuro.

Sin que él pudiera sospecharlo, influyó en el afloramiento de muchas vocaciones veterinarias entre estudiantes naturales y oriundos de estas tierras, entre los que me encuentro, y gracias al parentesco puedo relatar estos apuntes biográficos.

Así como las restantes profesiones sanitarias como médicos, practicantes, farmacéuticos y matronas, en el transcurso de los años solían cambiar, D. Manolín estaba tan arraigado que nunca cedió a la tentación de participar en un concurso de traslados, en una época en que se convocaban periódicamente. Su permanencia le proporcionaban cierta ventaja al tratar con clientes de toda la vida, incluso de generaciones sucesivas, haciendo que, a su aguda observación, no escaparan particularidades hereditarias y constitucionales no solo del ganado asistido, sino de sus dueños, hasta el punto -y esto moverá a risa a algún profesional afecto a los circuitos de asistencia primaria-, de que era "el médico" de consulta cuando el facultativo de turno debía tomar una decisión importante para el enfermo. Su conocimiento de la flora autóctona, así como de las cualidades terapéuticas en base a su experiencia personal ambivalente en los campos humano y animal, como parasitosis cutáneas (sarnas y tiñas) le granjearon un buen crédito ante sus clientes y, lo que es mejor, a un coste simbólico. También recordamos algunos casos resueltos con aguas ferruginosas, obtenidas del manantial que, frente al Molinón, manaba y se recogía en la cuneta de la carretera. Su ojo clínico le permitía no equivocarse si afirmaba que "una vaca había rodado", esto es despeñado por una ladera, accidente no raro en una topografía abrupta de algunas praderas( 1).

Como hijo de molinero, estuvo al corriente de los problemas de esta actividad industrial. Y su asociación familiar con su cuñado Francisco Gutiérrez, cuando regresó de breve estancia en Méjico, hizo de El Molinón algo muy semejante a una fábrica de harinas, con serrería de maderas, reduciendo al resto de los pequeños molinos de la zona a actividad puramente testimonial.

No por ello abandonó la clínica veterinaria, practicando algunas intervenciones quirúrgicas como la castración de équidos o el fuego, criando también buenísimos ejemplares del "Chato vitorino" la raza porcina entonces de moda, de mayor precocidad frente a las comunes, aprovechando en su alimentación los subproductos de la molienda.

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Después del año 42 su salud comienza a deteriorarse a causa de un proceso degenerativo suprarrenal que le causó la llamada "enfermedad de Addisson o del cobre", en una época en que los corticoides eran muy poco conocidos y ausentes del arsenal terapéutico, por lo que un joven y obeso compañero médico local poco pudo hacer mas que certificar su fallecimiento, ahorrándole el disgusto de haber visto desaparecer bajo el agua la tierra que le vio nacer, su emporio industrial y cuanto le había rodeado. Imagínense el gesto que habría puesto cuando se percatara que con su buen intencionado liderazgo familiar, había ayudado a materializar la venta de las propiedades de nuestra familia en Villares de Órbigo a los renteros en 1934 y 35, lo que no privó de su revalorización y mejora por el regadío cuando no eran ya nuestras.

La viudedad de Francisco Gutiérrez le hubiera creado un problema casi insoluble para criar a sus hijos, lo que pudo realizarse gracias a la abnegación de la tía Ángela, pese a la cara de "mal genio", que denota en la foto de joven, y que también hizo que el veterinario Manuel no contrajera nupcias ya que permaneció soltero y bien atendido en el seno de la familia, prematuramente incompleta por la muerte de Emérita.

El que los hermanos Suárez Alonso, Agustín y Manuel fueran los únicos de la familia que tenían posesiones en Villares de Órbigo, es explicable porque ello les permitía que su ganado trasterminante invernara allí, evitándoles el viaje a Extremadura, que otros hacían todos los años. El primero, sobre todo, era considerado como el ganadero más desahogado en el Valle desde un punto de vista pecuniario.

(1) Para curiosidad de algún médico de atención primaria, todavía viven algunos de los que, siendo niños, fueron atendidos por el traumatólogo veterinario D. Manuel, como es el caso del actual sacristán de la Parroquia, que muestra su muñeca derecha sin secuelas de ninguna clase y que fue tratada por el veterinario cuando no existía el seguro de enfermedad, después de padecer dislocación completa por una caída.

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Tres estudiantes de carreras técnicas emparentados

Un mejor desenvolvimiento económico de sus respectivas familias mas que sus cualidades personales, que no diferían del resto de la mocedad, hicieron que Manolo, el del molino, Agustín y Bartolomé, de Miñera, cursaran estudios superiores en Gijón, para obtener los titulos de Perito Industrial con especialidades respectivas de química, mecánica y electrotecnia (hoy se denominarían ingenieros técnicos).

Como tantos jóvenes en edad militar, fueron movilizados, con el grado de oficiales provisionales y destinos acordes con sus especialidades obtenidas, por lo que, el teniente Gutiérrez Suárez hizo la guerra destacado en la Sección de química preventiva sobre los gases asfixiantes, que no llegaron a emplearse por ninguno de los contendientes, afortunadamente, limitándose a seguir las operaciones con un coche asignado con chofer, valenciano, que no sabía una palabra de castellano, hasta que se lo enseñó su jefe, que también aprendió algo de lo que significaba, por ejemplo "cerra la porta y porta la clau". Aparecieron ambos en Madrid en nuestro castigado domicilio del barrio de Argiielles al terminar la lucha fratricida y creo recordar que se les averió el Ford A que habían compartido en la campaña, dejándolo abandonado cerca de la Plaza España, en donde no tardó en ser desguazado, destino final de casi todos los requisados.

Así como otros siguieron la carrera militar, el primo Manolo no tenía demasiada vocación para ello y pasó a la vida civil, en donde aplicó sus conocimientos de química durante la época del bloqueo internacional que sufrió España, obligándolos a una autarquía (que ha sido después la madre del resurgir industrial). Y así logró sintetizar alumbre, al que daba el nombre de "Gurume" en el registro de patentes, quizá recordando algún río asturiano, fabricándolo en unas dependencias de Segovia, cerca del Alcázar, donde estudiaba su hermano Felipe como cadete de Artillería.

Se recuerda que el alumbre ordinario es el sulfato doble de aluminio potásico, empleado como mordiente en tintorería y en medicina como astringente y cáustico. La fabricación se desenvolvió durante algún tiempo hasta que surgieron algunas dificultades más achacables a mala sincronización entre la técnica y el capital industrial que a la falta de materia prima.

Aflorada una vocación docente de Manolo, ya no se separaría de él como profesor de la asignatura en un Instituto de Formación Profesional, abandonando sus primitivas intenciones de ser ingeniero superior. En su domicilio próximo al Viaducto madrileño, en la calle de Segovia, casado con la que había sido su "madrina de guerra", vio discurrir su vida hasta no hace mucho, dejando dos hijas, una de las cuales bautizó como la abuela: Emérita.

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Agustín pasó todas las calamidades en las trincheras propias de cualquier combatiente, regresando con vida y sin menoscabo de su salud. También desistió de la vida militar, cuya vocación no sentía, para incorporarse a lo civil en la "Standard Eléctrica", la compañía americana que monopolizó los aparatos telefónicos, en donde como Jefe de la Sección de Metales Férricos, llegó a tener más categoría administrativa que algunos ingenieros superiores. Casado con una hija de Bernardo Díez, de Mallo, tuvo un hijo que hoy es veterinario, vocación ancestral en nuestra familia, como ya hemos tenido ocasión de afirmar.

Reservamos para el final el caso más sobresaliente y digno de admirar en la persona de Bartolomé Alonso Álvarez, primo del anterior y con los estudios de la especialidad de electrotecnia, quizá para su pesar, que, como teniente provisional, cometió el acto heroico de intentar desactivar una mina con la mala fortuna de que explosionó dejándole mal herido con pérdida de una mano y la vista, mutilación que no le ha impedido el desenvolver posteriormente su vida, al lado de la que también fuera su madrina de guerra Teresina, que le ha acompañado ejemplarmente. Hicieron casa nueva, de la que disfrutarían poco al sobrevenir el pantano y que es seguro que no habrían construido si hubieran tenido la certeza de la obra hidráulica. Su alta figura, como mutilado oficial militar, presidía todas las comisiones de vecinos que intentaban llegar a las altas esferas para obtener lo que luego se reveló como inalcanzable mejora en las tasaciones expropiatorias, que siguieron siendo mínimas, como él mismo no tardaría en comprobar con sus propiedades de Miñera.

Ha mantenido una actividad física impropia de su estado y edad y hoy es el superviviente de sus primos y uno de los de aspecto más joven entre los de su tiempo, que mantiene vida social y, con su extraordinaria memoria, es el archivo viviente al que hay que acudir en cualquier duda, como a mi mismo ha auxiliado, ya que su mente no está oscurecida por imágenes que tenía antes de la invidencia.

Adquirió una propiedad cerca de la carretera de Asturias en la que practica jardinería y actividad física, que le mantiene en forma, muy lejos del sedentarismo propio de algunos de edad avanzada que les acerca al final.

Esperamos que pueda leer, a través de su gentil esposa, esta obra y cuantas su férrea voluntad demande. Que así sea.

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Mallo de Luna

Población que, gracias a su situación, al pie del puerto de ricos pastos veraniegos que se conoce como "El Cuartero", se libró de la inundación; no así de una merma considerable en su vega que limitaba con Miñera a través de "La Portilla", saliendo a la carretera por camino vecinal después de pasar el "Puente San Lorenzo", vía de comunicación secular gracias a los romanos.

La moderna autopista de peaje A-66, con Cosera, nombre recordado en un túnel, atraviesa su término, cruzando a casi el mismo nivel el moderno camino vecinal desde Los Barrios. Pero no tiene acceso directo, con lo que si algún automovilista quiere parar en Mallo desde la autopista, no podrá hacerla, algo así como le ocurrió a una empresa funeraria que trasladaba un féretro hasta el pueblo y creyó ahorrar tiempo y kilómetros utilizando la moderna vía. Ante lo problemático de la vuelta atrás optó el conductor y su ayudante para la solución de situarse justamente en la intersección y cruce de ambas vías, haciendo descender con una cuerda el ataúd hasta el nivel del camino vecinal, en donde fue recogido por los vecinos destinatarios de la voluntad del finado de ser enterrado en su cementerio.

Hemos querido destacar anecdóticamente que la incomunicación de las autovías para las pequeñas poblaciones que cruzan es, en general casi total y, mas que fuente de ingresos, supone merma de los posibles.

Aún cuando no faltaron vecinos solicitantes de expropiación extra-embalse, quedaron los suficientes para mantener el pueblo actual muy sugerente y bucólico, con construcciones tradicionales entre las que destaca alguna moderna en forma de chalet, muy cerca de una ermita de finales del XVIII, que mandara edificar a su costa en el año 1764 Don Bernardo, Cura de Trabanco. Las más ancianas que aún viven en el pueblo nos manifiestan que el citado pequeño templo está dedicado a San Ramón, patrón de las parturientas, y que el sacerdote que la erigió lo hizo por haber encontrado anteriormente monedas de oro, creyendo satisfacer así los favores celestiales recibidos en vida. También se nos recuerda una pequeña copla que dice: "Las mujeres en el parto invocan a-San Ramón; pero ninguna se acuerda del Santo cuando están en la función".

La presencia de buenos artífices de la piedra se manifiesta en la pequeña fachada que me parece que va a ser lo único que persista, pues la cerrazón de los herederos del citado Cura constructor, hacen ya muy distinta la imagen a cuanto viera el catedrático Berrueta e incluso a lo que captamos personalmente en el año 92 y que reflejamos en fotografías de color. Es una lástima que un bien de interés cultural único no encuentre a alguien como nuestros amigos en Riolago que posibilite su reconstrucción y mantenimiento, recogiendo del suelo los materiales que se apilan después del hundimiento de la techumbre. Incluso el sacerdote que ahora acude semanalmente a

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las atenciones espirituales de la escasa y avejentada feligresía, me decía, respondiendo a estas inquietudes, que hasta el sentido práctico hubiera hecho del pequeño templo, suficiente para tan exigua vecindad, un sustituto de la Iglesia del pueblo erigida en un alto al que, en invierno, acceden con trabajo.

En Mallo destacó un vecino llegado de Aralla, hermano de sacerdote, al que por su carácter foráneo llamaban Ignacio, el escobero (apelativo que distingue a los vecinos de Aralla por la abundancia de escobas en el término). El forastero, dotado de una gran energía y conocimientos en materia ganadera; que había conducido rebaños trashumantes hasta Extremadura por las vías pecuarias, cuando el transporte ferroviario o no existía o no se utilizaba, no tardó en adaptarse a su nueva vecindad, contrayendo sus primeras nupcias que le dieron cinco hijos (2 varones y 3 hembras) a añadir a otro de que era portadora su primera esposa como viuda.

Algún sociólogo podrá sacar consecuencias de que en esta época es mayor el número de viudos que el de viudas, invirtiendo la tendencia actual. Y así nuestro abuelo pierde a su mujer y se casa nuevamente con una vecina de Canales, la madre de mi padre, que ya no sería la última puesto que hubo de casarse por tercera vez con Josefa, que aún le daría al mundo al tío Ricardo.

Cuando sobrevino la expropiación y pérdida de parte de la Vega, se trastornaron los horarios ancestrales de regadío para las fincas que quedaban, siendo motivo de altercados y discusiones entre los todavía numerosos usuarios, hasta que mi primo Ignacio, hijo del tío Ricardo, llamado como su abuelo, a la sazón ingeniero técnico industrial, que trabajó en la Central de La Robla, entre otras, diseñó un plan local de horario de regadío que terminó con el problema entre convecinos. Me ha parecido conveniente recordarle ahora que ya no está en el mundo de los vivos.

La presencia de gente de edad, con buena memoria, entre la cual hallamos a la Señora Micaela Morán en un solano, nos ha facilitado el conocimiento de que ella sirvió, como se decía entonces, en casa del abuelo Ignacio y su prole; que observó la mala calidad de ropa de la entonces casi una niña, instando a su esposa a que le regalara una falda, y como quiera que ésta, más al corriente de la economía doméstica, se resistiera, mi abuelo abrió el arca y le dio a la chica no una sino dos faldas. Pero siguen las coincidencias cuando nos dice que su madre era asturiana y sirvió muchos años de niñera en la Fonda de los Leones de Madrid, cuando era del abuelo Leopoldo, y que se llamaba María Gómez, la que comentaba después a su hija que de las dos niñas que servía en Madrid, la mayor, María, era más guapa que la otra, Carmen, mi tía y mi madre en persona infantil.

La memoria de la anciana y quizá la benevolencia del sufrido lector me va a permitir que reproduzca el remite de un sobre mandado a su casa por el recluta Ricardo y que, con métrica y rima poco ortodoxas decía:

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"Por Dios te pido, Cartero, y por la Virgen del Pilar,

que no se pierda esta carta, que es de un pobre militar, que por mandarla a su padre,

se ha quitado de FUMAR.

En el año 46, en inútil regreso a sus lares, el tío agonizaba víctima de cáncer de pulmón, contraído por su hábito de fumador activo y pasivo, en su trabajo habitual. ¡Lástima que no hubiera abandonado el vicio entonces, cuando reflejaba las estrecheces habituales en un soldado de su tiempo!.

No podemos dejar de citar a D. Bernardo Diez, cuyo don que anteponemos, según nos dice su convecina, era más debido a su dinero que a sus títulos, de los que carecía. Lo cierto es que se casó en Madrid con una Sanseroni, que heredó el negocio de su padre, al parecer relacionado con antigüedades y ornamentaciones de la calle de Regueros, teniendo a sus hijos Luisa, Ascensión, Carmen, María y Manolo el único varón. Estas habituales y vistosas veraneantes ponían una nota de color en su presencia anual estival en la casa de principio de siglo que aún se conserva en el pueblo.




Ventas de Mallo

Era un barrio del anterior, al que se llegaba antes enlazando por su camino vecinal y que mostraba traza más moderna que su matriz, con construcciones mejores en calidad de materiales, promovidas por alguno de sus habitantes que fueron a América y volvieron con buena posición. Los jóvenes recordábamos mejor como "monumentos" a dos preciosas gemelas adolescentes que conocíamos como a "las rubias de las Ventas", las que, dado su gran parecido, que dificultaba su identificación, solían gastarnos la broma de pasar la una por la otra, inocente juego que nos divertía tanto o más que a ellas mismas.

Mirantes

Sus habitantes optaron por la total expropiación al vaticinar el porvenir que les esperaba al verse privados de su feraz, rica y bonita Vega que llegaba hasta Truva. Su pequeña distancia a la carretera y la niebla se aliaron para que resulte casi invisible en la obra literaria de Berrueta a manos del fotógrafo que le acompañaba. Sus sobrios habitantes, solían suplir con inteligencia las carencias materiales del medio, y sirven para destacar; por mi parte, la ascendencia familiar que nos honra y distingue, como se habrá podido apreciar en capítulos anteriores. El apelativo de "lentejeros" no es peyorativo, sino que recuerda al cultivo de la lenteja pardina -con aspecto de algarroba-  que se prodigaba como aprovechamiento marginal y de una calidad que no ha podido ser igualada, ni mucho menos, por las legumbres de la misma denominación de la Ribera del Órbigo, lo que hay que achacar a la composición del terreno.

Padecían las periódicas inundaciones con arrastre de piedras del "Vallao", que iban enterrando a algunos barrios, cuyas casas, como la de la tía Irene, llegaron a tener el segundo piso como si fuera el primero, a la altura de la calle.

Por la descripción de la ermita de Mallo se constata que tuvo instituciones civiles y eclesiásticas comunes y se cita en documentos anteriores al siglo XV como lugar de interés.

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Villares Gutiérrez

El tío Carolino, primo carnal del abuelo Leopoldo, juez a perpetuidad y "hombre bueno" en cualquier asunto, tuvo dos hijas Cilinia y Elena, por tanto, primas segundas de mi madre. Ellas casaron con Juan Argüello Fuertes y Manuel López Álvarez, respectivamente. El fallecimiento prematuro del primer matrimonio dejó huérfano a un hijo de corta edad que fue acogido por los segundos, el que, andando el tiempo, resultará alumno predilecto de Ovejero y luego eminente microbiólogo veterinario y director de los laboratorios del mismo nombre, hasta su venta a una multinacional francesa, por tanto primo tercero mío, el Dr. Argüello Villares

Si hemos puesto un sólo ejemplo de inteligencia local de excepción, que ya vemos no era rara en la zona, es para referirnos al caso de su padre adoptivo, dedicado al negocio de las pieles que hubo de edificar una construcción como almacén de las mismas, si el lector se molesta en consultar la copia del boletín oficial que insertamos en esta obra en las últimas páginas, encontrará el nombre del padre reseñado incluido en la relación de fincas cuya expropiación y pago se desestima, acogiéndose a que ya se había edificado cuando el pantano estaba aprobado: un caso más de notoria injusticia, cuyo recuerdo ya no se separó nunca del aludido.

En el abandonado y casi fantasmal, durante una gran parte del año, Mirantes ha surgido por iniciativa de varios, entre los que recordamos a Paulino García, ingeniero técnico industrial, recientemente fallecido; Ángel Beltrán, nieto del promotor de la línea de autobuses mejor de la provincia en su día, y hasta mi pariente Ángel Arias, cuyos conocimientos náuticos se deben a que hizo la Milicia Universitaria Naval en Cádiz, y otros cuyos nombres siento no recordar, repito que contribuyeron decisivamente a la creación del Club Náutico, que durante el periodo estival pone una nota variopinta de casetas prefabricadas y artilugios náuticos que amarran en el "pantalán" que permite la navegación por el Pantano poblando transitoriamente este rincón leonés con veraneantes "fin de semana", muchos de la vecina Asturias, que ya son superiores en número a los naturales.

 

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El Viaducto de San Pedro que atraviesa el Valle de Aralla

El primitivo trazado de la carretera que circunvala el pantano sufrió una forzosa modificación a la altura de ese puente, alargando el trayecto hasta un poco más allá por el abandono definitivo de su uso, de cuya sucinta historia somos un poco protagonistas. Veamos: y es que aportamos materiales para su hormigonado de manera involuntaria y accidental, cuando el contratista, pensando que "todo el monte era orégano" no dudó en hacerse con un considerable montón de piedra caliza que teníamos dispuesta para la ampliación de un pajar en Miñera, lo que luego daría lugar a una reclamación nuestra que tuvo contestación -que también insertamos-, lo cual permite ahora identificar a la empresa constructora. Como siempre que se diluyen las responsabilidades, y dada la poca cuantía de la cantidad a reclamar, posiblemente inferior al costo de cualquier procedimiento a entablar, lo cierto es que no percibimos nada.

El viaducto se abrió, por fin a la circulación, hasta que en el año 1973 un maestro que regresaba con su automóvil del fin de semana, al enfilar el citado puente sufrió lo que parecía un apagón de sus faros, al desaparecer la iluminación de la carretera. Cual no sería su sorpresa y susto cuando al apearse para comprobar la avería, pudo contemplar el vacío que se abría un poco más allá por el hundimiento de cuatro de los arcos más grandes, que era lo que le había hecho creer como avería eléctrica. Realizó precipitada vuelta para avisar, lo que dio resultado por la escasa circulación de entonces y la hora ciertamente intempestiva, que hoy en día habría originado una catástrofe. Como en el relato de Jesús, "primera caída".

La carretera se prolongó provisionalmente hasta la parte del Valle que solo precisa un simple puente, mientras duraba la reconstrucción, entrando nuevamente en servicio. Ahora ya los transportes usan vehículos de mayor tonelaje, y la circulación es más intensa. A la salida del fatídico viaducto hay una curva, en donde el firme acusaba cierto agrietamiento, al que no debió darse mayor importancia, hasta que deparó lo que no debía ser sorpresa de hundimiento parcial de una orilla, que hemos reflejado en la fotografía, como testimonio de la deficiencia de materiales empleados, de los que podemos considerar como nobles a las piedras, pues el cemento y la ferralla casi brillaron por su ausencia.

El segundo y último deterioro del puente de nuestra historia hizo que hoy permanezca como testigo mudo de una obra mal hecha, aún cuando conserva su belleza indudable, al abrirse a la circulación definitiva el tramo que se inauguró provisionalmente hasta nuestros días.

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San Pedro de Luna

Integrado como las localidades siguientes en el municipio de Láncara, este estratégico pueblo ya se menciona en el primer mapa científico de una parte de la provincia de León elaborado en 1786 por el cartógrafo D. Tomás López, incluido en el Concejo de "Luna de Abaxo" con el nombre "San Pedro de Luna o de los Borricos", que hacía alusión a las ferias de ganado y cría asnal que aún llegaron a nuestros días.

La construcción de una carretera provisional que unía la nueva trazada tras la inundación de Miñera con la vieja hasta Láncara, permitió a sus habitantes un respiro de algunos años respecto a los primeros expropiados, y experiencia en actuaciones de defensa de intereses, alertados por lo que había pasado a sus vecinos inundados. La primera asociación surgió en San Pedro aunque luego el agua acabara por desterrarla hasta Sena.

El origen del esplendor comercial del pueblo hay que buscarlo en la persona de Laureano Cachafeiro Rodríguez, de ascendencia gallega por su abuelo, y natural de San Pedro, que fue el pionero en la comercialización de los productos del Valle tales como carne, lana, etc. Abarcaba desde la fabricación del pan hasta la abacería, esto es, establecimiento mixto de comestibles, ferretería y tejidos, y fue el propietario del primer automóvil que circuló por el Valle, un Ford modelo T que acabaría en el portalón de nuestra casa de Miñera durante algunos años, en el declive de la fortuna de su dueño. Concepción Álvarez y Eugenio Fernández completaban con las mismas actividades comerciales el plantel, que luego pasaría a su sobrino Angelín(l), que estudió la carrera de Comercio en León y dio muestra de su excelentes cualidades hasta el fin, pese a cierta disminución física causada por la poliomielitis que padeció, que no le impedía ser un campeón consumado en el juego de bolos, bien secundado en las tareas comerciales por su esposa Albina -que había "mamado" la profesión con sus padres Eulogio e Isabel, ésta prima carnal del mío.-

No podemos dejar de mencionar también los excelentes establecimientos comerciales de Manuel Hidalgo Álvarez y Manuel Lorenzana González, componiendo un surtido variado que hizo de San Pedro la meca comercial de esta zona de la montaña.

Quintiliano Martínez Álvarez se hizo con la panadería de Cachafeiro y Benito Suárez García, montó una fábrica de chocolate para completar el amplio abanico comercial del pueblo.

Aún recordamos su gruesa humanidad sentado con silla puesta con respaldo invertido, a la puerta de la fábrica, con cierta cojera que manifestaba y que él llamaba "reuma", en realidad gota articular. La fotografía que acompañamos revela el estado de lo que quedó debajo del agua de la factoría de chocolate que era de excelente calidad para cocido, pues no se sabía hacer fraudes de composición o no quería.

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Hay una faceta de enseñanza para el ingreso en bachillerato y hasta preparación del elemental que desarrolló en San Pedro un maestro palentino que se trasladó desde Cosera y que obtuvo merecida fama; D. Benedicto Martínez, gracias al cual todos aquellos cuyas posibilidades económicas o de tiempo no podían permitirles el hospedaje para el curso en la capital, pudieron, por el turno libre, hacerse bachilleres elementales, caso de mis primos de Mirantes Bernardo y Ángeles y otros muchos más del entorno. Sus hijo, 10 en número, ya naturales de la localidad, fueron el fruto de este prolífico matrimonio contraído con la hermana del párroco de San Pedro, D. Gabino Fernández, creo que natural de Vega de Robledo: Como ocurre en las familias numerosas hubo toda clase de vocaciones; yo sólo recuerdo al veterinario y a una de las hijas que resultó de una deslumbrante belleza, pasando a ser la esposa de un farmacéutico, natural de Sena e hijo del "Mecenas de la Enseñanza", cofundador del Banco Hispano Americano con otros cinco más a su arribada de América, Paulino García Gago, financiador de las escuelas de la zona.

(1) Ángel Arias Álvarez era hijo de Joaquina y Benito, habiendo nacido en La Argentina, en donde contrajo la afección poliomielitica en su niñez, motivando la decisión de sus padres de enviarlo a España, con sus tíos.

 






Cosera de Luna

En el medio kilómetro que separaba a esta localidad de Miñera por al margen izquierda del río Luna, lo que les hacía usuarios forzosos del puente de San Lorenzo, existía un horno de cal, que obtenía esta materia prima anterior al cemento y que se combina como argamasa con la piedra caliza, de la que procede. Justamente debajo, una profundidad impresionante del propio río: el Pozo el Calero, en donde los más expertos nadadores se las veían con truchas de gran tamaño, que no se podían pescar mas que a mano. Después, un molino y la entrada al pueblo con su caserío, iglesia, cementerio y escuela.

No faltaron criadores de ganado lanar como Manuel Fernández, Jacinto García o José Ordóñez, cuyas ovejas trashumaban a Extremadura ya transportadas en vagones de tren desde León, a donde llegaban a pie en dos jornadas procedentes del pueblo. Sin que sea necesario señalarlo expresamente, es lo cierto que en un otoño, de la pertenencia de alguno de ellos, arribó hasta San Marcos, al anochecer, un rebaño de quinientas merinas, a la espera de embarque al día siguiente en ferrocarril. Se dispusieron las redes y los perros mastines y allí pasaron la noche. A la mañana siguiente, después del "majadeo", ya nos podemos imaginar la cara del jardinero encargado cuando había desaparecido a la vista cualquier vestigio de planta en el amplio círculo, que quedaría compensado, decimos nosotros, con el abono orgánico abundante que allí quedó para sucesivas plantaciones de jardín, lo que hasta debió evitar una multa.

El mayor propietario del término era Cesáreo Geijo, y este apellido se repite en las listas expropiatorias del pantano con Herederos de Emilio Geijo Rodríguez, así como José García Geijo, es decir el tronco originario de los benefactores de Río Lago, sin los cuales el Palacio Castillo estaría tan abandonado como la ermita de Mallo, huérfana de

Mecenazgo.

 

 


Oblanca

Esta es Oblanca, que tiene algunas connotaciones especiales por los parientes de mi padre, a través del abuelo Ignacio, y el recuerdo personal, pues allí perfeccioné la técnica quirúrgica para las frecuentes operaciones de hernias en lechones, de la mano del entonces veterinario que sustituyó al tío Manuel, después. de su muerte D. Primitivo Fernández, de Villaquilambre natural. Posiblemente influyera con su amistad a que nuestra finca actual, resumen de lo que prácticamente se recibió de la expropiación del Pantano, esté aquí ubicada y desde la que escribo el comentario.

Destaca la torre cuadrangular, rematada con tejado piramidal, que se aparta de las espadañas soporte de campanario que vemos en la casi totalidad de iglesias de la zona, que le confiere cierta importancia, y que aprovecharía restos del antiguo desaparecido Monasterio de San Miguel, cuyo patrimonio pasó a los habitantes del lugar por compra. Asimismo señalamos el puente, verdadera versión en miniatura del célebre asturiano sobre el Sella, cuya construcción o es romana o románica posterior lo que nada tiene de extraño por la propensión de los denominadores a las explotaciones mineras que justificaron la conquista de Hispania, esto es la mina de plomo argentífero en su demarcación territorial.

En la era industrial de principio de siglo no destaca la central eléctrica que regentaba Conrado y que aprovechaba las aguas del río, extendiendo el fluido hasta más allá de Miñera, con frecuentes interrupciones de suministro, posiblemente , debidas al mal estado del tendido, que incluso llegó a tener empalmes de alambre de

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espino, por la penuria de la posguerra.

Si a todo añadimos la desaparecida capilla de los Miranda y el recuerdo de Virrey de Indias, tenemos mas que justificado su categoría de Noble Villa, respaldada incluso por un escudo de los Quiñones. ¿Dónde ha ido ha parar todo? Si algún estiaje permite aflorar lo que fue el pueblo, allí no queda nada, decimos a los posibles buscadores de restos.

No puedo terminar sin señalar que mis bisabuela paterna era natural de aquí y dio el apellido Prieto a mi abuelo.

Campo de Luna

De los datos que hemos ya dado anteriormente respecto a esta localidad, habremos de añadir que a la altura del kilómetro 20 de la antigua carretera que iba por el Valle, se salvaba el caudal del río Luna por un puente de obras públicas, que denota una inmejorable construcción cuando se piensa en su integridad, manifiesta en fotografía que acompañamos, después de más de cuarenta años de forzosa inmersión, aprovechando el vaciamiento del 92.

De esta era Emilio Alonso, ganadero, que entró al servicio del Cura, propietario de ganados en Miñera, acabando por casarse con Manuela Álvarez y ser el padre de Bartolomé Alonso Álvarez

 

 

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Láncara de Luna

Aún cuando se cita en la antigüedad de los orígenes del Valle, esta población tomó notoriedad después de 1883, al entrar en vigor la supresión de los Concejos y dar paso a la nueva división administrativa que le hizo ser cabeza de Ayuntamiento. Si a ello añadimos el paso de la nueva carretera a Belmonte y la iniciativa de sus habitantes, tendremos explicado el complejo tanto industrial como comercial de que hizo gala hasta su desaparición.

El apellido Hidalgo se repite en las abacerías de Manuel, Marcelino y Salvador, mientras que el Fernández (Manuel) se lee en la Central Hidroeléctrica, estanco, confitería y fábrica de harinas. Curiosidad es la de poseer una hojalatería a cargo de un tal Claudio García, una actividad poco común como estable, que desarrollaban ambulantemente los "quincalleros". Y también destacan la existencia de cuatro posadas. En fin un pueblo con vida y que dispuso de la primera de las escuelas propiciadas por el citado Paulino García Gago.

A todo esto "dio sepultura", con el advenimiento del Pantano, al valiente alcalde Manuel Álvarez, conocido por "Navarrín" que demostró que los hombres no se miden por la estatura. El fin de nuestra contienda civil le sorprendió en tierras de Guadalajara, exactamente en Abánades, localidad en la que se había estabilizado el frente entre los dos bandos y como oficial provisional. Contrajo matrimonio con la hija de Manuel Geijo, el mayor propietario de Miñera, de nombre Salomé y pariente de mi madre, y de los actuales dueños del recuperado castillo palacio de Río Lago y el interesante e histórico archivo de la Casa de Luna.

En las numerosas entrevistas que ha mantenido con redactores de periódicos que suelen acordarse de él en las celebraciones anuales, aparece su enérgica y ya avejentada figura, constitutiva de un verdadero "archivo viviente", que esperamos nos acompañe muchos años. En el casino de maestros jubilados próximo a los Agustinos de nuestra capital de León, es conocida figura, sobre todo cuando se aproximan elecciones y asesora a los indecisos a la hora de votar. Recuerda a sus antiguos alumnos más por sus travesuras que por el aprovechamiento. Tal es el caso del magistrado Rodríguez Quirós a la sazón uno de los más revoltosos ¿Quien lo diría hoy?

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Lagüelles

Podemos afirmar que esta población y sus personajes tuvieron en la antigüedad mucha mayor importancia que la ya escasa antes de la inundación. Los Águila es un linaje presente en el pueblo, León y hasta Ávila, según la heráldica que ha llegado a nuestros días, y campea con la Casa de Luna en el edificio torreado de las proximidades del convento de la Concepción que fundara la hija del primer Conde. Asimismo ha sido la nota de actualidad cuando se comenta el futuro destino de un Palacio en la capital abulense, dentro del recinto amurallado como museo de pinturas filial del El Prado, de Madrid. También se dice "que es un águila" aquel que tiene mucha vista para los negocios revelando una inteligencia excepcional. Y de ahí proceden modernamente los Arias, hasta su arribo a San Pedro. No vamos a repetir la hazaña del obispo que ya describimos en su momento.

Administrativa y comercialmente, dependía de su vecino Láncara, de la que distaba dos kilómetros atravesando el Luna por puente de factura moderna.

 


Una advertencia necesaria:

Cuando todavía no estaba en prensa este libro, nos llegó la noticia de que una aborigen filóloga de Vega de Robledo ha escrito una interesante obra sobre "El habla de Luna", que incluye algunas fotografías de las localidades que no fueron totalmente inundadas próximas a la demarcación de su nacimiento, así como datos interesantes. Como quiera que en la titulada "Una Historia de Pantanos", que he escrito, hacemos especial distinción entre los verdaderamente sumergidos en su totalidad, me creo obligado, por cortesía, a no repetir conceptos descriptivos que, seguramente, habrá vertido la citada autora en la transcripción de su tesis doctoral publicada, por lo que hago expresa abstracción de tan interesantes localidades, alguna de las cuales, como Caldas, albergan parientes y recuerdos, no por omitidos menos valiosos y dignos de ser destacados.

Me satisface, que ahora, en plena crisis de enseñanza de Humanidades, por caminos distintos, hayamos coincidido en dar a la luz dos publicaciones que ayudaran a los descendientes más jóvenes a conocer cómo era Luna antes de su ¿Llamaremos "holocausto"? Los mayores, cuyo recuerdo permanecerá ahora vivo agradecerán ver imágenes, si no borradas por el tiempo, ahora difuminadas en la ajetreada vida de sus descendientes, si es que tienen la suerte de convivir con ellos.

Quizá, sin proponérselo, hayamos creado escuela y dado la idea a otros que puedan rememorar lo acaecido en sus desaparecidos pueblos con los embalses de Porma. Villamañan y un largo etc. que nos ha convertido en la reserva hidráulica más importante. Sería curioso poder reunir todas las obras al respecto. La idea ahí queda

flotando.

 

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La Mantequilla

Dando por finalizado el comentario dedicado a las sumergidas poblaciones, no podemos terminar el libro sin hacer lo mismo con algunas producciones que mantuvieron la economía familiar de los montañeses, tanto para consumo propio como venta, si es que sobraba en la producción.

La abundancia de ricos pastos veraniegos, presentes en las praderas naturales y artificiales de los numerosos prados que significaban el mejor índice de la potencialidad económica del dueño, aprovechados directamente por el vacuno o en forma de hierbas recolectadas como heno en el invierno, así como las características de la raza vacuna mantequera leonesa, que en la época del relato no había sido absorbida por la parda suiza, junto a la manera artesanal de obtención de la mantequilla, dieron una gran fama a esta parte de la montaña.

En todos los pueblos existía un centro receptor de leche fresca dependiente de industrias mantequeras, próximo a un curso de agua, por obvias razones, como el que vemos en la fotografía, que es lo que quedó a cuarenta años vista. El ganadero acudía con la leche recién ordeñada, obteniéndose la nata por centrifugación manual, ya que no había energía eléctrica, al menos de día. El producto se envasaba y transportaba a la central en un vehículo que la recogía diariamente, despreciando el fabricante el suero de la leche, llamado "debura", que el ganadero recuperaba para, mezclado con harina y salvados destinarlo a ceba de porcinos. El ternero mamaba directamente de la madre la leche entera, y era el resto el que se mandaba a la fábrica. El servicio de recogida en auto camiones complementaba en ocasiones el saturado en insuficiente entonces de la Empresa Beltrán, que no protestaba por la competencia y hasta lo agradecería. El que esta líneas suscribe hubo de viajar en estas condiciones más de una vez por saturación de la Línea concesionaria.

La obtención artesana de la mantequilla, que daba un producto final no superado ni siquiera igualado, era actividad perfectamente desarrollada por nuestras abuelas y madres, que recordarán el "modus operandi": Se disponía de una vasija de barro cocido o metálica hecha por hojalatero) o sea lo que llamaban "olla" de unos dos litros de capacidad, con un orificio cerca de la base o "furaco" que se taponaba con un palo adecuado. El artilugio lleno de leche se colocaba en los "olleros", esto es corriente de agua fría de manantial que bañaba totalmente el recipiente durante veinticuatro o más horas. También se hacía sumergido en un cubo con agua fría obtenido del pozo o bomba de jarro descrita. Transcurrido el tiempo, la nata sube a la parte superior de la vasija, quedando en la inferior el suero que se evacua a través del agujero que taponaba el palo retirado, lo que se comprueba por el color distinto (verdoso) del suero y el de la nata (amarillo) tapando seguidamente eliminado el primero. La nata así obtenida es insípida, y se va almacenando durante varios días, con lo que procederemos al

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"mazado", esto es poner la nata en un "odre" (piel de oveja o cabra curtidas e hinchadas que se mueve en el regazo de una mujer sentada hasta que esta percibe el ruido característico del desprendimiento de la manteca o "mazada" , que se lava 2 o 3 vece: con agua corriente y fría, moldeándola desde fuera en el "odre" ya deshinchado: dándole una forma elipsoide o alargada. El proceso de maduración así obtenido da la consistencia y "bouquet" de un producto que no ha podido ser igualado en la fabricación industrial con la adición de fermentos. El que la prueba, olvida por unos momentos los riesgos del colesterol que acecha a los sedentarios habitantes de la uebe civilizada, que se desplazan en auto y hacen poco ejercicio físico.

 

 

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Las Truchas

En el río Luna y hasta en cualquier arroyo de agua fresca y corriente han sido el "habitat" natural de este codiciado pez de agua dulce que los naturalistas llaman "salmón fario" y que describen como de la familia de los salmónidos, cuerpo fusiforme, de color pardo lleno de pintas llamativas, cabeza pequeña carne blanca y encarnada que recuerda al salmón. Requiere agua permanentemente oxigenada y pura, siendo muy sensible a la contaminación fluvial, que desgraciadamente, va mermando su extensión por nuestros ríos.

Para darnos una idea de su abundancia pasada bastará que relatemos nuestra primera experiencia en materia de pesca cuando nos dirigimos a la orilla de nuestra era, próxima al Puente de San Lorenzo, con una rama delgada de la que pendía un hilo que llevaba en su extremo un anzuelo sobre el que se había insertado una lombriz de tierra.

Figúrense la emoción cuando mi hermano y yo notamos un tirón y sacamos prendido un ejemplar de mediano tamaño. Repetimos la operación y no tardamos en pescar otro similar. Con la novedad, olvidamos que las truchas liberadas del anzuelo y que habíamos dejado en el terreno por carecer de cesta, volvieron por su cuenta al agua, con el desencanto que se pueden imaginar.

Los naturales sabían mover ligeramente las piedras o cantos rodados en que se refugiaban en la parte del río con poca profundidad, rematándolas con arpón. Otros conseguían sujetarlas por detrás de las branquias o agallas en las de gran tamaño. El consumo no solía ser inmediato a la pesca, y para evitar su deterioro se escabechaban, reservándolas en la despensa. Las primeras exportaciones de truchas que organizó el tío Mariano se hacían sin hielo y envolviéndolas en hojas de helecho.

Ahora existen también en las aguas del pantano, pero, sobre todo, las grandes "saben a cieno", cosa que no ocurría en el agua corriente y canto rodado del fondo.

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Recuerdo de la señera Empresa de Transportes Beltrán

No podía faltar en esta historia la cita de la Empresa Autotransporte Beltrán S.L. que fundara en 1909, casi recién abierta a la circulación la carretera, el natural de Rioseco de Tapia, y emprendedor Ángel Beltrán Álvarez, cuyos autocares dieron al traste con un primitivo servicio de viajeros en diligencia que prestaron, con más voluntad que eficacia, los que se conocían como "Los Antonones".

La línea, concedida en exclusiva gracias al transporte diario del correo, acababa en Villablino, a donde convergían los autobuses que seguían Luna u Omaña, después de separarse en La Magdalena.

Las buenas noticias y las malas venían a través de la línea -que era la más larga de las de León -, no tardando en dar dos servicios de mañana y tarde.

Como era usual en esta época, había dos categorías de billetes: primera y segunda, sentados en el interior, compartiendo el polvo que siempre se filtraba al discurrir el trayecto por carretera de "macadán", prácticamente, cosa que se evitaba tradicionalmente con el guardapolvos, que siempre formaba parte del equipaje. O también haciendo uso de la llamada "clase imperial", esto es, usando los asientos en la "baca", que proporcionaban buena vista paisajística y mucha ventilación, que los desaconsejaba en invierno, por lo que los usuarios eran jóvenes y fuertes, ágiles, ya que debían trepar por la escalerilla de acceso al techo y el equipaje.

Finalizaba la Guerra Civil con toda la secuela de carencias y escaseces, el mantenimiento de la línea era más que un deber un acto casi heroico, pues la cosa se hacía casi insuperable con el bloqueo a que nos sometieron los aliados, vencedores de la Guerra Mundial, retrasando sobremanera una ya difícil recuperación, aunque consiguieron del genio hispánico que se sentaran las bases en la industrialización que hoy vemos como fenómeno natural en nuestra civilización.

La iniciativa y el genio mecánico fueron heredadas por dos cuñados: Ángel Beltrán Fernández, hijo del fundador y su cuñado, casado con su hermana, Jesús Álvarez Rodríguez, que hacían andar con gasógeno montado en sus talleres, los autocares, a los que se les daba un pequeño cupo de gasolina "para las cuestas", empleando el gas pobre del sistema "Otto" para la mayor parte del recorrido.

La visita de Eisenhover, acabó con el bloqueo y, lenta y progresivamente, fuimos abandonando la "autarquía" impuesta, normalizándose aún con carencias el medio de transporte.

Así llegamos a 1953, cuando ya la Empresa Beltrán decide tener estación propia, en un edificio "ex profeso" de la calle Padre Arintero, próxima a la Glorieta de la Inmaculada.

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Pero la empresa pionera en el transporte de viajeros y mercancías no podía ser ajena al Pantano de Barrios de Luna, con la modificación del trazado y desaparición de diecisiete localidades, con lo que, sin presumir que se solidarizaban con los expropiados, deciden cesar en la actividad, traspasándosela a Fernández en el año 1955, actualmente integrado en ALSA.

Hoy el nieto del fundador, de nombre también Ángel, sigue desarrollando actividad de taller y concesionario y es figura presente, con cualquier disculpa, en el Club Náutico de Mirantes.

 



 

Relación de fincas cuya expropiación se propone







 

La relación de fincas cuya expropiación se propone (B.O. del E. 190)

El día 8 de julio de 1952, el anexo único del Boletín Oficial del Estado, publicaba la relación de fincas sujetas a expropiación que venía a dar cobertura legal a cuanto se había venido gestando con anterioridad. Su lectura, después del tiempo pasado, creo será muy instructiva para los que aún vivimos, y más para los descendientes, que confirmarán que lo que habían oído decir a padres y abuelos no era "un cuento de hadas", y como no faltarán economistas, dada la demanda que existe sobre estos licenciados, cuyos antecesores más próximos hay que buscarlos en la carrera de Comercio, les será muy fácil aplicar el factor de corrección que, teóricamente, nos daría un precio actual que sigue siendo irrisorio, por lo que hemos insertado, a continuación de esta relación comentada, otra remitida por la Asociación de Vecinos de Luna, desde Sena. Diez años después con las no menos interesantes cantidades a percibir por los propietarios (sólo tenemos los de Miñera, similar a la de cada pueblo), con exactitud hasta los céntimos, cobrados el 9 de Mayo, alas quince horas.

Conclusiones: Los pagos se hacían en efectivo, sin mediar los bancos que no habían proliferado como ahora. El interesado podía hacer con lo pagado su real voluntad, incluido el depósito bajo una baldosa. Hacienda ignoraba estos ingresos a cualquier efecto tributario. El destino que luego siguieron las cantidades percibidas fue tan vario como la voluntad de sus dueños, y de la importancia de las inversiones acertadas o no, bastará que nos fijemos en la cantidad más pequeña pagada a quien, andando el tiempo, ha levantado una buena fortuna.

Y si la historia que acabas de leer refleja lo ocurrido, las cifras hablan pos sí solas de la insuficiente indemnización que todos, en general, sufrimos con la construcción de esta obra hidráulica.

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Relación propietarios Miñera

 

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Epílogo

Un pantano o embalse, en la acepción menos hiriente para los ecologistas, ha sido el tema desarrollado en las páginas de la publicación de su historia, acompañada de documentos que las modernas impresoras han podido reproducir, dando fe de autenticidad a cuanto se ha relatado, gracias a los originales rescatados del archivo familiar, cuya conservación, después de tanto tiempo, casi raya en lo milagroso.

Se impone ahora una reflexión después de más de cuarenta años transcurridos: a los damnificados ya nada podrá compensarlos y la evolución en el medio rural, progresivamente abandonado por sus moradores, apunta casi a igualar a los pueblos desaparecidos bajo el agua con los abandonados voluntariamente, aún cuando alcancen algún efímero, pasajero y temporal resurgimiento con el veraneante que regresa a sus lares.

De otra parte, el futuro Plan Hidrológico Nacional, en ciernes, que pretende el regadío de un millón de hectáreas, se va a aplicar cuando un numeroso grupo de agricultores que, hace poco, demandaban el canal de los Payuelos para aprovechamiento del excedentario Riaño, antes de su realización, ya solicitan ser excluidos, y es que, en los pocos que van quedando y que cultivan, cunde la idea de que los regadíos precisan mucha mano de obra, cosa que resuelve el secano con un tractor, una sembradora y una cosechadora, dándose la paradoja de que se siembra cebada de secano en muchos de los sitios que disponen de riego.

Otra incógnita abre el futuro a los habitantes de Omaña, librados, de momento de salir de sus predios, y es el interés de algunos por sacar inmediato provecho de unas tierras improductivas que soñarían ver expropiadas y transformadas en moneda de curso legal, fenómeno que pese a la desigual y baja tasación, se dio en Luna, como refleja el Boletín Oficial que hemos reproducido.

Cuando se ha llegado al punto final, el estentóreo clamor de los que demandan el regadío prometido -desmintiendo, en parte, lo que otros antes pedían,-dan a lo escrito cierta actualidad, quizá como atenuante para el autor, si es que no ha sabido describir unos sucedidos que algún lector calificará como híbrido de memorias personales y relato histórico.

Como quiera que sea, el veredicto final tendrá en cuenta que solamente se ha pretendido dar a conocer unas vivencias con rigurosidad, no necesariamente literarias, ni esa era la pretensión.

León, Diciembre de 1998

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Los Barrios de Luna

Su situación le ha permitido conservar casi íntegro el término, por lo que nos parece interesante reservarle el final de esta obra para resaltar algo de su pasado y presente, comenzando por recordar que la palabra barrio es significativa de núcleo de población surgido alrededor de ..., Lo que encaja perfectamente con el origen del pueblo y su denominación de Barrios de Luna, que se iría formando a la sombra del Castillo y del desaparecido convento Abadía de Trabanco, en honor al Salvador, con jurisdicción sobre Mallo y Mirantes - recuérdese la inscripción de la semideruida ermita, objeto de comentario -citando al Cura de Trabanco-.Conjeturamos, aún con la actual ausencia de restos, que pasarían en un día al inicio de la actual iglesia parroquial del siglo XIV y siguiente, que el monasterio se edificó muy cerca del lugar donde luego se abrió el túnel que daba paso a la carretera, y que hoy está cegado, y si algo quedaba, pasó a incorporarse al hormigón, no así una escalera labrada en la roca por lo que es posible ascender a la fortaleza y que tiene una fotografía, a la que nos remitimos, confirmando la íntima relación medieval de castillo e iglesia.

En la Procesión del Santo Cristo del 14 de septiembre, anualmente salen los Pendones como velas de un alto mástil de navío. Y no es infrecuente la coincidencia con un cambio de tiempo y vientos de cierta intensidad, como ocurrió cuando un fornido mozo de Mallo, portador del estandarte, no se dejó abatir siendo tal su resistencia que se partió el grueso palo sin que lo dejara caer, según relatan los más ancianos.

La reforma administrativa española ejecutada bajo Isabel II hizo a esta localidad cabecera de ayuntamiento, que es cuando empieza a adquirir cierta importancia comercial, incrementada con la apertura del túnel y la carretera, no tardando en aparecer establecimientos, casi siempre inscritos a nombre de dos hacendados: Salvador Morán y Filiberto Suárez, con actividad de comercio mixto, parador y taberna con posada para el primero, mientras el segundo se decanta hacía el estanco, detalle muy digno de tenerse en cuenta, toda vez que sirvió para ejercitar -cuando no existían cajas ni bancos-las funciones de éstos en el ámbito comarcal, sin abandonar otro local de bebidas propio para captar clientes.

Un vecino de este pueblo, Francisco Alonso Morán, que emigró a Madrid a finales del siglo pasado, uniéndose en matrimonio con una abulense que falleció, por lo que contrajo segundas nupcias con la hermana, le dio un hijo cuando desarrollaba sus actividades en el Balneario de Trillo, el que luego sería arzobispo Alonso Muñoyerro, cuya vocación religiosa hay que atribuirla, en gran parte, al que fuera Cura de Aralla José Alonso Morán su tío, como descubridor, inductor y formador.

En 1940 su población era, poco mas o menos, la misma que en 1991, esto es rondando los ciento cincuenta habitantes, muy por debajo del "boom" que las obras del pantano supusieron en 1950 con los transeúntes.

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Hoy se pretende sacar del olvido algunas tradiciones del Valle y actividades como el pastoreo, incluso con un museo que ocupa las antiguas escuelas, mostrando utensilios de los cuidadores del ganado y los animales de guarda del rebaño, los nobles mastines, eternos defensores frente al depredador lobo. Recientemente se incorporan otras actividades como las inimitables labores de lana, cuyos primores eran patrimonio de nuestras abuelas en las largas veladas invernales. Sitio no ha de faltar en el magnifico edificio, tipo alpino, con piedra rojiza, que en su día albergó los servicios administrativos del Pantano y que ahora, pese a ser infrautilizado, sigue siendo propiedad de la confederación que apenas lo ocupa, ¡una lastima!.

La cualidad de "Monumento Histórico" que ha distinguido al Castillo de Luna, prácticamente ignorado desde su promulgación en 1931, conviene airearla ahora cuando todas las autonomías alardean de su pasado, por lo que sugiero a "quien corresponda" en compensación al actual abandono, que se estudie la posibilidad de reconstrucción de cada una de las Tres Torres cuyas bases subsisten, utilizando material desperdigado y el que la propia roca proporciona, con la financiación estatal, autonómica y provincial. Seguro que ha de redundar en incrementar las posibilidades de todo orden, de las que no está precisamente sobrado este interesante pueblo que centraliza administrativamente lo que queda del Valle.

 


Apéndice Literario




Bibliografía y Documentación


Índice de Materias


Mapa


 

Con permiso del autor y de su hijo Roberto

Miguel del Valle Campelo

 

Gijón, Octubre 2009